09 dic. 2025

Vendedor de Telebingo: “Crie a siete hijos con venta callejera”

Desde hace años, Luis Alberto Gómez vende cartones de bingo, trabajo con el que cosechó numerosos logros.

HOHENAU

En las esquinas de las calles céntricas de la ciudad de Obligado, Departamento Itapúa, muchos lo conocen por su rostro amable, su voz firme y su sonrisa que casi nunca se le borra de la cara.

Se llama Luis Alberto Gómez, vendedor de Telebingo. Hace 24 años que se gana la vida en los semáforos.

Detrás de sus cartones de bingo que ofrece al paso, hay una historia que conmueve el corazón. Oriundo de Encarnación, Luis llegó a Colonias Unidas buscando una oportunidad.

Después de salir del cuartel se dedicó a la chacra, pero a pesar de todos los intentos y el empeño que puso, su actividad agrícola había fracasado; entonces volvió a su ciudad natal porque no conocía un alma ni siquiera las calles de su nuevo destino.

Pero un amigo le ofreció trabajo y sin saber qué era específicamente, se presentó a las cinco de la mañana del día siguiente, así como acordaron. Era para vender chipa y así comenzó su vida como vendedor ambulante. Con una canasta de chipas y sin conocer a nadie en la ciudad, empezó a recorrer calles y avenidas.

“Me bajé como un perro”, recuerda entre risas el día en que llegó a Obligado en colectivo y como no conocía a nadie, empezó de cero.

Con el tiempo, se casó, formó una familia, compró su casa en Trinidad, a pocos kilómetros de Obligado y hoy se llena de orgullo al contar que sus hijos son profesionales, incluso uno vive en España.

“Todo, absolutamente todo, lo logré con lo que ganaba en la calle vendiendo chipas, gaseosas y luego desde hace muchos años, bingos”, comparte emocionado hasta quebrarse de lágrimas recordando los frutos de su diario esfuerzo.

“Crie a mis siete hijos con la venta callejera. Hoy todos son profesionales en distintas carreras. No le debo nada a nadie. Nunca engañé a nadie. Siempre trabajé con respeto”, cuenta orgulloso.

Diariamente a este guapo trabajador se le puede encontrar en la terminal de Obligado ubicada en el centro de la ciudad o sobre la avenida Gaspar Rodríguez, en la esquina frente al Colegio San Blas.

Luis no solo vende bingos. Vende esperanza, constancia y el mensaje más poderoso que se puede dar con el ejemplo: “No hay deshonra en vender en la calle. Lo que deshonra es mentirle a la gente. Si sos honesto, la vida te devuelve con bendiciones”, afirma.

A los jóvenes que hoy sienten que no pueden más, a las madres y padres que luchan con lo que tienen, les deja un mensaje firme y lleno de vida.

“Trabajen. Hagan lo que sea, pero bien. Sin joder a nadie. La vida les va a recompensar”, asegura.

Hoy, Luis sigue en su puesto, con la frente en alto y el corazón lleno. Porque hay historias que no salen en la tele, pero que enseñan lo más valioso en la vida: El poder de la honestidad, el trabajo y el amor por la familia.

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