El Quilmes Rock es un festival musical que se realiza todos los años en Buenos Aires; es un momento en que esa rubia espumante se encuentra con los acordes correctos para un baile que dura pocos días.
Este año me tocó la oportunidad de escucharle a Jack Johnson (o como diría el público que acompañó el concierto Shack Shonson), era una cita que tenía con aquella que se hace llamar el amor de mi vida y la verdad estuvo muy bueno bailar un rato bajo un cielo estrellado y un frío poco desafiante para Shack y su banda.
Debo admitir que me gusta mucho ir a conciertos no solo por la música, sino también por el estudio antropológico que representa esa gigante reunión de desconocidos. No deja de impresionarme el hecho de que una persona, una guitarra y un micrófono es todo lo que se necesita para encontrar la calma, las risas y el cuerpo en constante baile de 15.000 seres humanos.
La música es y seguirá siendo la mejor forma de calmar a las bestias.
Es una pausa del cerebro en donde la mente se entrega a una lírica y a un ritmo por solo unos minutos; el mundo se detiene y todo está bien dentro de un tema que te gusta, ni qué decir si la música simboliza algo para vos, tal vez sea el “chiqui tun chiqui tun” que dedicaste a una noviecita, tal vez sea una buena tarde en San Ber a orillas del lago azul de Ypacaraí o por ahí esa música sea el primer tema que escuchaste el día que nació tu nuevo sobrino Bruno.
La próxima vez que suene un tema que les da ese “nosequé” en el estómago hagan la prueba y compartan lo que sienten con alguien; compartan el significado de la lírica, el mensaje detrás de los acordes, arruguen la cara cuando entra el solo de la guitarra y acompañen con las manos como si estuvieran tocando con la banda y miren la cara de la persona que descubre por primera vez un tema que escuchó mil veces, pero nunca le dio la atención que el músico necesitaba. En ese momento vive la música.
Muy poca gente le presta verdadera atención a la música, para algunos es como la tele “para hacer pasar el tiempo nomás"; para otros, aquellos que cayeron de rodillas enamorados del do, re, mi y sus primos es mucho más, para ellos la música es vida.