12 abr. 2026

Una lucha de todos

Estela Ruiz Díaz

Un 25 de noviembre de 1960, las hermanas Patria, Minerva y María Teresa fueron encontradas asesinadas en el fondo del acantilado en la costa de República Dominicana. El dictador Leónidas Trujillo, el Chivo, había dado la orden directa para acabar con ellas. Antes fueron apresadas, violadas y torturadas. Las hermanas Mirabal, las Mariposas, ya eran entonces auténticas heroínas de la libertad y la igualdad.

En honor a su lucha, desde 1999 se conmemora mundialmente el Día Internacional de la Violencia contra la Mujer. Es un día para poner foco sobre una epidemia que afecta a la sociedad y tiene impactos en todos los órdenes: sociales, económicos y políticos. Es un día para mostrar descarnadamente los números de la violencia y buscar soluciones.

En Paraguay, los datos hablan por sí solos. En lo que va del año, ya se registraron 39 feminicidios (mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas) y 33 tentativas. El 2016 cerró con 39 casos. Y las cifras negras serán miles, esas que no se registran porque no se denuncian.

La Fiscalía General registró, en lo que va del año, 13.491 denuncias por violencia intrafamiliar, una cifra que crece cada año, según los datos.

Más de 4.000 mujeres usan el servicio del Ministerio de la Mujer por año y el 100% se vincula a la violencia intrafamiliar

El Ministerio de Salud cifra que 1 de cada tres mujeres sufrió o va a sufrir algún tipo de violencia hacia su persona.

La violencia contra la mujer tiene también el rostro infantil. Paraguay tiene alta tasa de embarazo precoz. De cada 100 nacimientos, 20 son de madres adolescentes, generalmente frutos del abuso sexual que se da en el círculo familiar: padres, padrastros, tíos, abuelos.

TRANSVERSAL. La lucha contra este flagelo requiere esfuerzo interinstitucional y fuerte apoyo social. El círculo de protección empieza desde esa llamada de auxilio, que puede ser de la misma víctima, del vecino, del amigo. Allí empieza la cadena, cuando entra en escena la Policía Nacional que a través de las patrullas llegan a la escena, y tras el diagnóstico médico (Ministerio de Salud), se realiza la denuncia (Fiscalía y Juzgados), con los apoyos del Ministerio de la Mujer y de la Secretaría de la Niñez. Es apenas el inicio de un largo proceso contra fuerzas políticas y sociales, pero sobretodo culturales. Ese machismo tan arraigado en la sociedad que lo justifica todo.

La etapa más difícil es romper el silencio. Pero ese grito de libertad necesita soporte institucional, legal, familiar, social. No es fácil salir de ese círculo fatal. La gente, a veces con frivolidad, cuestiona porqué la mujer no abandona a su pareja golpeadora. Con el mismo criterio uno debe preguntarse por qué la gente sigue votando al partido político del presidente corrupto, del intendente corrupto, del diputado o senador corruptos. Porque este círculo maldito tiene que ver con poder y control y esto es abuso económico, privilegios, manipulación, coerción, intimidación, aislamiento. ¡Qué similitudes!

Por eso, la educación es el primer paso para romper con esta cultura de la violencia, la opresión, para erradicar la discriminación y la violación de los derechos humanos para estar en pie de igualdad con los hombres, en la búsqueda de una sociedad mejor.

Cada 25 de noviembre se fija para luchar contra la violencia contra la mujer, de la niña violada, golpeada. No es un tema para banalizar contaminando con otras posiciones. Es una lucha que convoca a toda la sociedad, más allá de las diferencias políticas o de enfoques. No será posible lograrlo si hay divisiones, si se promueven perversamente confusiones.

Como lo dijo claramente el papa Francisco, en su visita a Colombia: “Todavía arrastramos estilos patriarcales y machistas, por lo que es bueno anunciar que el Evangelio comienza subrayando mujeres que marcaron tendencia e hicieron historia”.

El 25 de noviembre es una fecha para unificar posiciones, luchar por lo mismo. Hombres y mujeres que no quieren que sus madres, hijas, hermanas, sobrinas, amigas, sean golpeadas o asesinadas por el simple hecho de ser mujer.

Esa es la única pelea.

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