14 mar. 2026

Un nombre paraguayo entre descubrimientos más destacados del año 2025

La medicina, la curiosidad por investigar y la ciencia estuvieron en su vida desde pequeño. Residiendo en EEUU desde hace más de 30 años, el doctor Gustavo Ayala ha tomado al cáncer como objeto de su investigación. Su trabajo ha sido reconocido entre los mejores el año pasado.

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Gustavo Ayala

GENTILEZA

Mi nombre es Gustavo Ayala y tengo 60 años. Soy patólogo. Los patólogos analizamos los tejidos para definir qué enfermedad tiene la persona.

Vivo la mitad de mi tiempo en Houston (Texas) y la otra mitad estoy viviendo en Asunción. Hace 35 años vine a los Estados Unidos y hace 27 estoy en Houston.

Tengo tres hijos, Alejandro que está conmigo en Houston y sigue medicina. Sophia está en Washington DC, estudió Derecho y ahora Relaciones Internacionales. Y Esteban que está en Minnesota, que tiene un doctorado en Matemáticas.

Mi interés hacia la medicina empezó en el colegio. Pero desde muy chico yo estuve cerca de la medicina.

Mis padres tenían una farmacia frente a Primeros Auxilios cuando estaba sobre la calle Brasil. Nuestra casa estaba detrás de la farmacia. Dos tíos eran médicos, mi mamá bioquímica y farmacéutica.

Papá estudió Medicina, pero tuvo que dejar. Él es una familia muy concepcionera de los Ayala Albertini. Ellos perdieron todo después de la Revolución del 47.

Como papá ya no podía quedarse a estudiar en Asunción, volvió un tiempito a Concepción. Después retornó a Asunción donde fue visitador médico. Ahí le conoció a mamá que era farmacéutica.

Todos los médicos de Primeros Auxilios eran amigos de papá y mamá. Recuerdo a los pacientes que venían a la noche, a las dos de la mañana y tocaban el timbre o la puerta.

Yo viví en el mundo de la medicina y en el mundo de los enfermos. Entonces, para mí fue muy natural mi decisión de seguir Medicina.

Desde siempre supe que iba a hacer investigación. Es mi pasión desde chiquito. A Papá Noel le pedía juegos de química o microscopios. Me pasé agarrando todo lo que encontraba en la calle, plantas, bichos, todo y me pasaba mirando con el microscopio.

De los primeros años en la medicina, con los pacientes aprendí que hay que respetar el sufrimiento del prójimo. Y estar dispuesto a ir mas allá del ser médico.

Mis padres, los dos, eran personas dedicadas al prójimo. Papá no era un muy buen comerciante porque él no sabía decirle no a las personas que necesitaban remedio y no tenían plata después de un accidente.

Y yo crecí acostumbrado a que había que ayudarle al prójimo. Y una de las maneras que uno puede ayudar es siendo médico, es una vocación.

La primera influencia que tuve para elegir mi especialidad fue la del doctor Antonio Cubilla, mi mentor. Segundo porque me permitía hacer clínica en investigación.

Yo había hecho casi dos años de residencia con el doctor Cubilla. Un día me dijo que ya no tenía más nada que enseñarme y tenía que irme.

Examiné las posibilidades, validé mi título y vine a hacer otra vez mi residencia en los Estados Unidos. Fue pasar a las ligas grandes. Evidentemente, la casuística acá es mayor, verdad. Los centros médicos son más grandes, más importantes. La ciencia es más importante, más desarrollada.

Empecé en Washington, luego viví tres años en Filadelfia y luego llegué a Houston. Estuve en las universidades de Georgetown, Yale.

Los primeros años que uno viene es muy solitario. Hablaba con mis viejos una vez al mes, cinco minutos. Salía una fortuna cada minuto hablar por teléfono, no había internet, no había nada.

Si venía alguien de Paraguay, por ejemplo, tenía la obligación de traer una valija llena de diarios viejos.

Uno leía los diarios de hace tres meses. Porque no había otra manera de enterarte, nada no había. Era mucho aislamiento. El estudio fue la clave para soportar todo eso.

El cáncer es la enfermedad que todavía nos falta curar. Por eso, el énfasis en el estudio del cáncer. Estudio predominantemente cáncer de próstata, pero ahora, por ejemplo, esta última publicación fue en cáncer de mama. Pero también de colon, pulmón, páncreas.

Hace 27 años publiqué un artículo que hoy se considera como el que inició la neurociencia del cáncer, una rama nueva de la investigación.

En junio del año pasado nosotros publicamos un artículo en la revista Nature. Antes de publicarse, le dieron la oportunidad a Science para leerlo. Lo leyeron e hicieron un comentario en Science sobre el artículo de Nature, lo cual es algo muy inusual.

A fin de año, Science sacó una lista de 10 descubrimientos científicos más grandes del año 2025, de todas las ciencias de todo el mundo.

Entre 2.500.000 artículos científicos, fuimos elegidos como el tercer o cuarto mejor descubrimiento científico del año pasado.

En ese artículo hablábamos del descubrimiento que hicimos que señalaba que cuando cortábamos los nervios, hacíamos que las células de cáncer se vuelvan muy ineficientes energéticamente.

La tendencia en la investigación del cáncer ha sido hacia los genes en los últimos 50 años. Abrimos un nuevo frente de batalla al demostrar que los nervios son los que dan capacidad al cáncer de hacer metástasis y matar.

De la formación de nuevos médicos en Paraguay conozco muy poco. Sé que la Nacional modificó su currículum, pero no estoy al tanto. De las nuevas universidades sé poco.

Creo que hay más inversiones en las investigaciones hoy comparado con mi época de parte del Estado paraguayo. Pero tiene que haber un cambio de mentalidad de la sociedad civil.

La investigación no es solo para laboratorios, sino también para crear progreso para el país. La inversión tiene que ser de muy largo plazo para que funcione y no puede ser solo apoyada por el Estado. Me gustaría ver a empresas paraguayas invirtiendo en desarrollo y en la investigación.

Como prácticamente estoy empezando mi retorno a Paraguay, me gustaría encontrar avenidas para poder transmitir lo que yo aprendí a la gente que quiere hacer investigación en Paraguay.

Yo no tengo entrenamiento formal en ciencias, no tengo un doctorado, no tengo un PhD. Soy científico por caradura. Aprendí cómo pensar como científico estando y rodeándome de gente inteligente, rodeándome, lo cual pude hacer en Estados Unidos.

Gente inteligente que me mostraba cuál era el proceso del pensamiento y eso se aprende estando, actuando. Por eso les digo a los que quieren ser investigadores y no se animan, que no hay que tener miedo a nada, hay que meterle nomás.

  • La investigación no es solo para laboratorios, sino para crear progreso al país. La inversión no puede ser solo del Estado. Me gustaría ver a empresas paraguayas invirtiendo.
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