Resulta difícil no dejarse llevar por la pasión y las emociones que está generando la Selección Paraguaya en el Mundial de fútbol desde hace tres semanas. La Albirroja no solo nos ha devuelto la sonrisa y la alegría en medio de tantas carencias y dificultades que vivimos a diario, sino que además está logrando algo que la política nunca consigue: nos une por encima de nuestras diferencias.
Esta fiesta no comenzó el 12 de junio con el inicio del Mundial de fútbol. El camino que recorrió el equipo de jugadores paraguayos se inició mucho antes, y fue una construcción lenta y paciente.
No podemos evitar mencionar que Paraguay se vio obligado a esperar 16 años para volver a participar de la competencia mundial. En esos tres mundiales en que Paraguay estuvo ausente, Rusia, Brasil y Catar, fue inmensa la decepción y frustración de la hinchada.
Hasta que por fin la paciencia y el esfuerzo rindieron sus frutos.
Las Eliminatorias, con vistas al Mundial 2026, fueron un prólogo que nos permitió comprobar cuán necesitado estaba el pueblo de vivir alegrías. El equipo obtuvo grandiosas victorias, que fueron más heroicas cuando tuvieron como marco al estadio Defensores del Chaco.
El proceso que inició el director técnico, Gustavo Alfaro, fue sin duda determinante. Conocido como el Cazador de Utopías, consiguió muy rápidamente entender e identificar lo que hace tan particular al fútbol paraguayo, respetando el modo particular de ser, la idiosincrasia del fútbol que se practica en el Paraguay. La Selección logró consolidar un gran rendimiento y adquirió regularidad; con eso logró volver a clasificar al Mundial. En total, la Albirroja obtuvo siete victorias, entre las mismas, aquellas recordadas en el Defensores a Argentina y a Brasil.
Decíamos que el gran logro de este equipo, más allá del éxito deportivo, es haber logrado volver a entusiasmar, haberle devuelto al pueblo la alegría y la esperanza. Vivir con ilusión los días previos a la competencia mundial, buscar conectarse con otros, con amigos, con la familia para vivir colectivamente los momentos felices, porque una alegría que no se comparte nunca será completa.
Porque además, como expresó el cardenal Adalberto Martínez, arzobispo de Asunción, cuando visitó a los jugadores de la Selección: “Cuando ustedes, jugadores, vistan y suden la camiseta albirroja llevarán consigo mucho más que un uniforme deportivo. En sus colores rojo, blanco y azul estará representado todo el pueblo paraguayo”.
Volvieron las canciones para la Albirroja, las clásicas de antes y los ritmos nuevos para contagiar el entusiasmo, y no hay paraguayo o paraguaya que se resista a la emoción que brota cuando suena 13 Tuyutí, y quienes desde afuera observan el furor patriótico quisieran entender el guaraní, ese símbolo de identidad y
Resistencia nuestro.
Gracias a la Selección de fútbol, la gente volvió a ganar las calles, y con sus banderas, camisetas, quepis y caritas pintadas; le devolvieron el color y la esperanza a nuestras calles, a nuestro olvidado y abandonado centro histórico, que lleno de gente, luces, sonidos y colores volvió a ser un espacio amable, un lugar para el ciudadano.
Es difícil mencionar todo lo que mueve la pasión del fútbol. Una de las aristas importantes es el aspecto económico. No solamente ha aumentado la venta de televisores, servicios de agencias de turismo para viajar al Mundial, camisetas y banderas, al mismo tiempo se han multiplicado los emprendimientos que ofrecen una amplia variedad de productos relacionados con nuestra Albirroja. Eso es trabajo, eso es creatividad, eso es compromiso.
Quien haya salido a recorrer la ciudad, a pie, en transporte público o vehículo, ha podido con seguridad comprobar que el entusiasmo es genuino. Hay banderas en las casas, edificios y jardines, hay banderitas ondeando desde los automóviles, y desde el 12 de junio la camiseta albirroja se usa como un uniforme nacional.
Sin duda que la buena gestión de la Selección Nacional de fútbol está colaborando con el humor social. Por todo eso, hay que celebrar a este equipo que le está regalando tanta alegría a un sufrido pueblo. Y como dijera el director técnico Alfaro: “Nosotros representamos al trabajador de a pie… no podemos solucionar sus problemas, pero sí darles alegría y felicidad”, describiendo la experiencia que está uniendo a todos los paraguayos bajo una misma bandera. Por todo eso, solo nos queda decir un ¡Gracias! a nuestra Selección Albirroja.