13 oct 2026

Ueno bank, el BCP, el secreto bancario y la rendición de cuentas

La controversia alrededor de ueno bank plantea una pregunta que va más allá de una entidad financiera: ¿cómo proteger la estabilidad del sistema y, al mismo tiempo, asegurar que sus supervisores rindan cuentas? La confianza de los depositantes, la protección del ahorro y la credibilidad del BCP exigen reglas claras, decisiones técnicas y explicaciones satisfactorias.

Empecemos con la información pública. El BCP respondió al pedido de informes del Senado y entregó documentación bajo reserva. Ueno bank reconoció requerimientos de la Superintendencia de Bancos (SIB) sobre límites a operaciones con empresas vinculadas y el BCP inició un sumario administrativo. Ueno afirma haber corregido la situación dentro del plazo legal. El BCP, por su parte, desmintió rumores de intervención y reafirmó la solvencia y liquidez del sistema.

Veamos esto con cuidado. Una observación supervisora de la SIB no equivale a insolvencia o a crisis. Pero corregir un incumplimiento tampoco demuestra, por sí solo, que se hayan aclarado el origen, gravedad y tratamiento. Las publicaciones sobre documentos internos del BCP deben contrastarse con los antecedentes completos y las actuaciones posteriores. Corresponde aclarar los hechos sin convertir sospechas en sentencias ni declaraciones de parte en verdades absolutas.

¿Por qué importan los préstamos a empresas vinculadas? Porque los bancos administran principalmente dinero de depositantes. Prestar a accionistas, directivos o empresas relacionadas puede crear conflictos de interés y concentraciones excesivas. Por eso existen límites –para proteger el ahorro y asegurar que las decisiones de crédito respondan a criterios financieros–.

Importa la sustancia, no solo la forma. Si un banco transfiere un préstamo a otra empresa del mismo grupo, o financiada por el propio banco, hay que establecer si realmente disminuyó el riesgo o solo cambió de apariencia. La SIB debe verificar quién financia, quién responde por el pago y qué garantías existen.

La independencia del BCP es indispensable. La supervisión debe basarse en información, criterios profesionales y procedimientos legales, no en campañas mediáticas, presiones políticas o intereses económicos. Debilitar esa autonomía perjudicaría a todos. Pero independencia no significa ausencia de responsabilidad: el supervisor debe demostrar que identificó riesgos, exigió correcciones y aplicó las normas consistentemente.

El Senado puede examinar la legalidad y calidad del proceso sin sustituir el criterio técnico del supervisor. Para ello necesita mecanismos definidos de acceso a información y obligaciones estrictas de confidencialidad.

Aquí aparece el secreto bancario. Proteger los datos de clientes y cierta información supervisora es esencial: divulgarla puede perjudicar a terceros y dificultar correcciones. Sin embargo, invocar el secreto de manera general tampoco debe impedir preguntas legítimas sobre el desempeño de la SIB y el BCP. Hay que precisar qué información está protegida, por qué y quién puede examinarla legalmente.

La transparencia admite niveles. El público debería conocer normas, procedimientos y estadísticas agregadas; las autoridades competentes pueden examinar datos detallados bajo reserva. El BCP publica un registro de sanciones. Se necesita la máxima explicación compatible con la ley y la eficacia supervisora.

Los recursos públicos plantean otra responsabilidad. El IPS y demás instituciones que depositan fondos públicos o administran jubilaciones deben justificar sus inversiones. Supervisar bancos y gestionar esos recursos son funciones distintas. Que un banco cumpla las regulaciones no exime de evaluar cuánto depositar, por cuánto tiempo y qué alternativas existen.

Para el IPS, preservar los recursos de asegurados y jubilados debe ser prioritario. La rentabilidad importa, pero junto con la liquidez, la calidad del banco y la concentración del riesgo. Una tasa atractiva no justifica cualquier exposición. Se requieren decisiones documentadas, evaluaciones de riesgo y controles de conflictos de interés.

Diversificar tiene costos, pero reduce la dependencia de una sola entidad. Los límites deben contemplar exposiciones consolidadas, plazos y necesidades de caja; las excepciones, justificarse y revisarse. Estas reglas deben aplicarse a todos, sin importar propietarios o vínculos políticos.

La controversia ofrece una oportunidad para revisar las normas y su cumplimiento. Una agenda concreta podría comenzar con cinco medidas.

Primero, mejorar los informes públicos de supervisión, incorporando datos agregados sobre incumplimientos, correcciones y sanciones, dentro de los límites legales. Eso permitiría evaluar la consistencia supervisora sin publicar expedientes reservados.

Segundo, definir procedimientos de rendición de cuentas ante el Congreso: quién accede a información confidencial, cómo la custodia y qué puede divulgarse. La fiscalización parlamentaria necesita garantías contra el uso político de datos sensibles.

Tercero, publicar mejor información consolidada sobre depósitos e inversiones públicas: criterios de asignación, concentraciones y responsables de aprobarlas, con periodicidad y resguardos que eviten riesgos operativos.

Cuarto, fortalecer la gobernanza de inversiones del IPS mediante evaluaciones independientes, límites verificables y seguimiento periódico. Sus órganos de decisión deben poder cuestionar recomendaciones y corregir concentraciones antes de que surja una crisis.

Quinto, demostrar uniformidad en la aplicación de las reglas. Incumplimientos comparables merecen respuestas comparables, considerando gravedad, duración, reincidencia y corrección efectiva. Explicar los criterios de la SIB es indispensable para mantener su autoridad.

Antes de crear nuevas obligaciones, corresponde revisar qué mecanismos existen y dónde falla su ejecución. Más burocracia no garantiza mejor protección. Lo esencial es identificar responsables, cerrar vacíos y comprobar que las medidas realmente redujeron los riesgos.

También importa comunicar oportunamente. Hay que distinguir infracciones corregidas de riesgos pendientes y explicar el alcance de las medidas. El silencio alimenta rumores y debilita la confianza sobre la conducción económica. La comunicación debe ser prudente, precisa, comprobable, alineada con las restricciones legales, sin ofrecer garantías mayores que la evidencia disponible.

La controversia sobre ueno bank debería producir respuestas verificables y mejoras duraderas. Los bancos merecen evidencia y debido proceso; los depositantes, protección; y los ciudadanos, explicaciones sobre las autoridades y el manejo de su dinero. Paraguay fortalecerá su confianza financiera cuando la confidencialidad proteja datos legítimos, la independencia sostenga decisiones técnicas y la rendición de cuentas asegure el cumplimiento de las reglas.

Más contenido de esta sección