“Quién como Dios”. Este es el significado de su nombre, que en hebreo es Mijail. Me refiero a San Miguel Arcángel cuya espada desafiante restablece la justicia, enfrentando al diablo, como jefe de los ejércitos celestiales que –en una metáfora muy oportuna para la coyuntura paraguaya– llegó al país, traída por la Iglesia Católica, y fue presentada a la nación, y al presidente de la República y a la primera dama, por el cardenal Martínez en una misa el pasado viernes 9 de octubre. Justamente cuando se desataba una crisis enorme de desconfianza en las instituciones dentro del mercado financiero con infracciones reconocidas por los pecadores que fueron subsanadas (dicen que), pero, con un supuesto nuevo pecado de financiación indirecta prohibida sumariada que, recién, dentro de cuatro meses se podrá saber el veredicto oficial. Es posible que, en este exagerado tiempo, llegue el arrepentimiento y todos los excesos sean revertidos. Está en veremos. Mientras tanto, las versiones que ensayan las más diversas justificaciones –que de hecho ya aparecen en el Génesis de la Biblia desde que Adán le culpó a su mujer de su exceso de vanidad (el pecado favorito) queriendo desafiar al Creador– fueron de las más creativas, comillas: Es la competencia la que inventó todo, son los medios de comunicación los iniciadores del problema, la filtración del memo del ex gerente es lo que descompuso todo (veníamos tan bien, veremos qué castigo le imponemos), las infracciones son hechos frecuentes y todos caen en ellas, todo ya está en regla, lo que se espera es que dentro de cuatro meses cuando se sepa la “verdad jurídica”, ya la gente se va a olvidar del tema. Lo que no se puede olvidar es que el inicio de la desconfianza generalizada fueron las 31 preguntas (que aparentemente contienen en sí mismas casi todas sus respuestas) del presidente del Congreso, oficialista, acompañado del líder de la bancada del partido del Gobierno y del senador del poder que además es médico personal del presidente del partido y ex presidente de la nación que tiene su board en un famoso quincho, a quien se reportan todos los arriba nombrados. Ojo con esto. Nadie puede ser burlado, ni el jefe del dueño de la espada en cuestión que además es jefe de todos los ángeles celestiales, ni el dueño del quincho, al que todos los no ángeles (opuestos a estos), se supone, lo tenían como jefe. Ambos son número uno en sus respectivos reinos.
Para que no queden dudas, Adalberto Martínez le expuso al presidente y a la feligresía, en la Catedral Metropolitana, que el crimen organizado, la trata de personas, la explotación infantil, los homicidios, feminicidios y la corrupción son los “dragones de la muerte” que amenazan al Paraguay. Alto y claro, se lo dijo de frente al responsable directo en el plano terrenal de la gestión del Estado para el bienestar de la nación. Nada mal.
Para un Gobierno que tiene como eslogan “Dios, Patria y Familia” –y que suele encarar las elecciones como una especie de guerra santa, en modo sepulcros blanqueados, sin transformar la realidad para solucionar los problemas de la gente de carne y hueso en la tierra prometida (en la propaganda electoral) y sin respetar la separación Iglesia/Estado – es para tomarlo muy en serio.
Siguiendo con los pecados, ya que estamos en onda teológica, pero con una hermenéutica menos religiosa, el FMI en su reciente consulta del Artículo IV de mediados del 2026 le exigió al Gobierno que deje de mentir (la misma falta adámica) y que reconozca trasparentando el déficit fiscal real que no es lo que solía decir la “propaganda oficial” que se presentaba como números falsos que se debían tomar como verdaderos, asumiendo el 3,5 por ciento sobre el PIB. Todo para regularizar deudas extrapresupuestarias (violando las leyes) pendientes de pago, escondidas de la realidad, de USD 1.300 millones. Al mismo tiempo, le exigió al Gobierno urgente calidad del gasto, menos malgasto y robo, con un plan de convergencia conforme a la ley hacia el 1,5 por ciento de déficit fiscal para el 2028. Sobre este punto específico, sin embargo, la calificadora Fitch emitió un fulminante informe denegando el tercer grado de inversión tan esperado, argumentando que no confía en el Gobierno que proyecta déficit fiscal al 1,5 por ciento en el 2028, modificando el pronóstico para el 2 por ciento para ese año. Además, la calificadora le reclamó el fracaso de la reforma de la Caja Fiscal, las debilidades en la gestión de las finanzas públicas que erosionan la credibilidad fiscal desde el 2019 con los gobiernos de la ANR llevándonos a la mayor crisis de las cuentas fiscales de los últimos tiempos, también, rumbo a una crisis energética que se vislumbra para fines de esta década. Y, de mi parte le agrego, a una suba de impuestos inevitable en el próximo período presidencial, repito, no por culpa de la administración que asuma en el 2028, sino que, única y exclusivamente por el desorden del actual Gobierno de los economistas. Que, además, será el que más deuda pública agregará en toda la historia en un mandato presidencial. Abdo agregó alrededor de USD 7.600 millones y Peña podría llegar al 2028 con poco más de USD 8.000 millones adicionales. Qué tal.
Finalmente, la espada de San Miguel al haber pasado por Paraguay quizá siga el mito fundante quedándose en modo sobrenatural merodeando por acá. El objetivo es cortarles la cabeza a los dragones citados por el Cardenal Martínez. También está la espada de Damocles cuya leyenda dice que pende sobre las cabezas de los que gozan de poder y riqueza, y viven permanentemente miedosos a perderlo todo en un instante. Los paraguayos podrían terminar este artículo poniéndoles nombre y apellido a estas cabezas. Que les sea leve. Saludos cordiales.