Durante años, la percepción social sobre la trata de personas mantuvo una mirada casi exclusiva en la explotación sexual y en las víctimas mujeres, niñas y adolescentes, pero reducir el concepto solo a esta única modalidad genera un riesgo importante, el cual es invisibilizar otras formas de explotación y otras víctimas: los hombres. La experta habla sobre el tema en cuestión.
En la región de la Triple Frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina, la alta circulación de personas, las asimetrías económicas y la gran oportunidad laboral permiten que la trata con fines de explotación laboral afecte sistemáticamente a hombres jóvenes y adultos.
La fiscala especializada en Trata de Personas, Vivian Coronel, habla de que la explotación laboral es un fenómeno que puede afectar a mujeres, hombres, adolescentes y niños, “y que exige una mirada específica desde las instituciones encargadas de la prevención, persecución penal y asistencia”.
Los hombres también son víctimas
La fiscala detalla que uno de los principales desafíos actuales consiste en romper el estereotipo según el cual la víctima de trata necesariamente es una mujer o una niña.
“Los hombres también son captados, trasladados, recibidos con fines de explotación laboral, que puede encontrarse vinculada a actividades agrícolas, ganaderas, forestales, construcción, talleres, establecimientos industriales, actividades comerciales, transporte, servicios”, cita.
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¿Cómo funcionan? La fiscala Coronel explica bien que la captación muchas veces comienza “con algo aparentemente legítimo: una oferta de trabajo”.
Se promete un empleo con remuneración adecuada, vivienda, alimentación, transporte o mejores condiciones económicas, pero, una vez que la persona llega al lugar de destino, las condiciones cambian radicalmente.
Aparecen jornadas excesivas, ausencia o retención del salario, endeudamiento artificial, restricciones para abandonar el lugar.
También amenazas, intimidaciones, retención de documentos, condiciones indignas de alojamiento y alimentación, vigilancia, aislamiento o aprovechamiento de la situación migratoria irregular.
“No toda infracción laboral constituye automáticamente trata de personas ni trabajo forzoso. Sin embargo, determinadas prácticas pueden constituir indicadores relevantes de explotación y justificar la intervención de las instituciones competentes”, continúa explicando la fiscala especializada.
La invisibilidad
Insiste en esto ya que se habla poco: “Estereotipos asociados a la masculinidad pueden constituir una barrera para identificar y para autopercibirse como víctima”.
“Los hombres también son captados, trasladados, recibidos con fines de explotación laboral, que puede encontrarse vinculada a actividades agrícolas, ganaderas, forestales, construcción, talleres, establecimientos industriales, actividades comerciales, transporte, servicios”.
La condición de víctima no depende del sexo ni del género de la persona, dijo Coronel y sostuvo que un hombre explotado laboralmente es víctima y debe recibir protección integral con la misma seriedad, dignidad y compromiso institucional.
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Esto también choca con otra realidad: ¿dónde alojar a un hombre víctima de trata? “Los sistemas institucionales de protección históricamente han desarrollado mayores capacidades de alojamiento especializado para mujeres, niñas, niños y adolescentes, especialmente frente a situaciones de violencia y explotación sexual”.
Dice que resulta también necesario avanzar hacia dispositivos específicos, adecuados y accesibles para hombres adultos víctimas de trata y explotación laboral.
En la Triple Frontera
“Miles de personas atraviesan diariamente las fronteras por razones laborales, comerciales, familiares, educativas y turísticas. Esta circulación constituye una característica propia y positiva de la integración regional, pero también puede ser aprovechada por personas o estructuras criminales para captar, trasladar o explotar víctimas”, comenta la fiscala.
La frontera, por sí misma, no genera la trata de personas, pero el riesgo se da cuando la movilidad se combina con situaciones de vulnerabilidad, informalidad laboral, falsas ofertas de empleo, “intermediarios inescrupulosos”, desconocimiento de derechos, y la dificultad para identificar cuándo es explotación.
“Una víctima puede ser captada en Paraguay, trasladada hacia Brasil o Argentina y explotada en otro territorio”, o extranjeros pueden traídos al país.
La explotación laboral debe estar en la agenda pública
Por último, la fiscala especializada en trata de personas apunta a una necesidad de ampliar la mirada a la explotación laboral.
“Hablar de esto no significa disminuir la importancia de la explotación sexual ni abandonar la perspectiva especial de protección que requieren mujeres, niñas, niños y adolescentes”, expresó.
Continuó diciendo que en realidad esto “significa observar al trabajador rural aislado, al migrante engañado por una falsa oferta laboral, al hombre al que le retuvieron sus documentos, al trabajador que no puede abandonar su lugar de empleo, al que trabaja para pagar una deuda que nunca termina, al que recibe amenazas cuando reclama su salario”.
La trata laboral muchas veces permanece oculta precisamente “porque puede confundirse con relaciones laborales extremadamente precarias. Por eso resulta indispensable fortalecer la detección temprana”, finalizó.