Como parte de una política de reordenamiento del sistema penitenciario para poder separar a personas procesadas de condenadas, se dejó atrás la Penitenciaría de Tacumbú, que ahora se convierte en el nuevo Centro Nacional de Prevenidos, que será destinado solo para procesados. Este cambio radical en la historia se da luego de 70 años de vigencia de ese penal, pero afirman que la reestructuración no es “una solución”.
La transformación de Tacumbú inició en la noche del domingo, con 462 condenados trasladados y faltarían ser sacados otros 350 reos. Mientras, se sigue con la reestructuración del penal, que terminará a finales del año.
Las autoridades ya anunciaron que Tacumbú no será el único que se convierte en Centro de Prevenidos, que le seguirán otras penitenciarias, con la intención de “reforzar la seguridad ciudadana”, pero “iniciando desde el interior de los centros penitenciarios”.
LOS CAMBIOS QUE VIENEN. De las más de 2.150 personas que estaban recluidas, entre procesados y condenados, al ser trasladadas 462, queda una población cercana a 1.700 personas, según confirmó el ministro de Justicia, Rodrigo Nicora.
El viceministro de Política Criminal, Rubén Maciel, comentó cómo va a funcionar a partir de ahora el Centro Nacional de Prevenidos: “Ya no va a recibir nuevos condenados ni otros condenados trasladados”.
Desmintió que va a albergar a todos los procesados del país, sino que será para las causas de Asunción, el Departamento Central y en casos excepcionales de Cordillera.
¿Y LOS CONDENADOS? Las 462 personas con condena que estaban en el ahora ex Tacumbú fueron llevadas al penal Martín Mendoza, donde van estar separados por módulos y van a poder aplicar los programas de reinserción social de manera más efectiva, dijo el ministro de Justicia.
El viceministro, por su parte, recordó el Plan Nacional de Reorganización Penitenciaria, en el que van a reestructurar varios penales convencionales, varios de ellos que también se convertirán en Centro de Prevenidos y otros que van a ser destinados exclusivamente para condenados.
“Iniciamos en Tacumbú y el objetivo es llegar al 70% este año”, comentó Maciel.
Críticas. Esta reestructuración penitenciaria, sin embargo, sigue siendo analizada por varios sectores.
El experto en seguridad José María Amarilla, dijo que la reconversión de la penitenciaría en un centro predominantemente para “prevenidos” “puede interpretarse como una mejora administrativa y de gestión penitenciaria”, pero que no resuelve el problema estructural: “El uso expansivo de la prisión preventiva”, observó.
Habló de la prisión en realidad como “mecanismo de castigo anticipado, que es un problema jurisdiccional y no policial, ni penitenciario”.
Debería esta ser una medida cautelar “excepcional”.
Lo grave es que se trata de un “castigo que tampoco se aplica a todos por igual”, ya que “un tal Eugenio Sanabria que mató a cuatro personas conduciendo borracho está en su casa al igual que el senador condenado Erico Galeano”, analizó Amarilla.
Habló también de la separación de condenados y prevenidos, que “evita contaminación criminal y reconoce la diferencia jurídica entre imputado y condenado”.
Pero –dijo Amarilla– si la Fiscalía investiga lentamente, los tribunales acumulan mora, la defensa pública está sobrecargada y los jueces usan preventivas como recurso automático, el nuevo esquema sigue como un reordenamiento del hacinamiento.
“Y a la larga, resulta que el Estado paraguayo ha hecho una importante inversión en vulnerar el principio de inocencia y oficializar un lugar de ‘apriete’ para los que puedan pagar su libertad”.
- La línea del Gobierno es reforzar la seguridad ciudadana, pero iniciando desde el interior de centros penitenciarios. Rodrigo Nicora, ministro de Justicia.
- La reconversión de la penitenciaría no resuelve el problema estructural: El uso expansivo de la prisión preventiva como mecanismo de castigo anticipado. José María Amarilla, experto en seguridad.
Penal se inauguró en 1956 y reemplazó a la Cárcel Pública
La Penitenciaría Nacional de Tacumbú se inauguró en 1956 para reemplazar la Cárcel Pública de Asunción, que funcionó hasta 1955. Este 2026 se cumplen 70 años de que abrió sus puertas y nuevamente es protagonista de un cambio.
Teniendo solo capacidad para 1.500 reclusos, llegó a albergar a 4.000 personas, siendo el pico de hacinamiento de las penitenciarías a nivel país.
En su historia lleva decenas de amotinamientos, asesinatos, torturas, decapitaciones y hasta la pérdida del control, tomado por Armando Rotela, líder del clan que lleva su apellido.
Tras años, el Gobierno logró retomar este dominio en el Operativo Veneratio, en el 2023, y a partir de allí le sucedió el Operativo Umbral para reordenar.