12 may. 2026

También importa la estabilidad de los hogares

Durante el mes de abril se sucedieron las presentaciones de los datos de la encuesta de hogares 2025 y de varios informes regionales que incluyen a Paraguay en sus análisis.

Gran parte de los estudios, tanto nacionales como internacionales, coinciden con el buen desempeño de Paraguay en las dos últimas décadas, medido por el crecimiento del producto interno bruto y la estabilidad indicadores, como la inflación promedio y el tipo de cambio.

Pero, por otro lado, la segunda coincidencia generalizada, incluso con estudios de una década atrás, es la necesidad de diversificar la estructura productiva, agregar valor y garantizar la sostenibilidad ambiental. Nuestra matriz productiva tiene elevadas consecuencias negativas de la destrucción del ambiente y en la volatilidad del crecimiento, a la vez de reducidos efectos multiplicadores en el empleo de calidad y en las recaudaciones tributarias.

En este contexto, la persistencia de bajos niveles de capital humano y de infraestructura impiden transitar hacia mejores condiciones para elevar la productividad y garantizar empleos que provean estabilidad económica a las familias. El crecimiento y la estabilidad macroeconómica no lograron los mismos niveles de incrementos en los ingresos y de la seguridad económica de los hogares.

Si bien la pobreza ha venido reduciéndose hasta el 16%, esta población termina ubicada por encima pero muy cerca se la línea. El 49,1% está en ese estrato altamente vulnerable. En suma, este grupo de población en situación de pobreza monetaria o altos niveles de vulnerabilidad conforma el 65% de la población y vive con menos de dos salarios mínimos.

Este monto es claramente insuficiente para financiar calidad de vida en hogares donde conviven niños, niñas, adolescentes, personas mayores y que deben asumir los costos de una alimentación sana, la salud, la educación, la movilidad, una vivienda confortable capaz de enfrentar las consecuencias de la crisis climática –fuertes tormentas, olas de calor– y otros gastos que en la vida moderna son necesarios para mantenerse activos y saludables.

Hay que tener en cuenta que Paraguay, a pesar de constituirse en un Estado Social de Derecho, tiene como uno de sus mayores déficits la calidad de los servicios públicos, generando elevados gastos de bolsillos. La ausencia de un sistema de protección social y de salud con cobertura universal y calidad generan además altos niveles de precariedad e inestabilidad económica, incluso en los estratos de ingresos medios.

El estrato medio, conformado por alrededor del 33% de la población, vive en hogares con ingresos de alrededor de 4 salarios mínimos, pero al no contar con protección financiera a la salud, seguros de desempleo, o mecanismos eficaces para el ahorro para la vejez (jubilación) sufren igualmente los efectos de la incertidumbre e inestabilidad económica.

En este grupo, solo un tercio de los trabajadores está afiliado a un mecanismo jubilatorio y ni siquiera los asalariados cuentan con este beneficio, ya que de este sector ocupacional solo el 60% está aportando. Los hogares deben financiar su propia movilidad gastando en vehículos, combustibles, seguros, reparación y mantenimiento, la educación conlleva gastos adicionales y los gastos en salud ubican a Paraguay como uno de los países con mayor gasto de bolsillo. El 40% de lo que el país gasta en salud sale de los bolsillos de los hogares y el 17% de las personas de 15 años o más está endeudada por alguna enfermedad. Las personas también se endeudan por educación (10%), vivienda y emprendimientos económicos (7%). El endeudamiento excesivo vulnerabiliza aún más a las personas en términos económicos y en el ámbito de la salud mental, situación invisibilizada en las estadísticas.

El nivel de ingresos más alto está conformado por poco más del 1% de la población y es el único cuyos ingresos les permite contar con calidad de vida y seguridad económica ya que tienen los ingresos suficientes para adquirirlos en el mercado, tanto nacional como internacional ante la insuficiencia o mala calidad de los servicios públicos.

Si bien la categorización de los estratos puede modificarse cambiando algunas cifras, las distintas formas de medición existentes para nuestro país a lo largo del siglo dan cuenta que los mecanismos que permiten disminuir las vulnerabilidades económicas y mejorar la certidumbre, previsibilidad y estabilidad económica de los hogares siguen siendo una deuda pendiente a diferencia de la estabilidad macroeconómica que a lo largo de los años ha contado con políticas que persistieron y lograron su objetivo.

“40% de lo que el país gasta en salud sale de los hogares y el 17% de personas de 15 años o más tiene deudas por enfermedad”.

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