El famoso refrán “nunca es tarde cuando la dicha es buena” es ley en la vida de Doña Sumilda Machuca, que recientemente celebró sus 100 años de vida, rodeada de sus afectos, y con la satisfacción de haber criado a 5 hijos, sin dejar de lado su sueño de culminar sus estudios y tener un oficio.
Para ella, su difícil infancia la forjó en carácter e imprimió en ella una absoluta firmeza: Su madre falleció cuando ella era muy joven y tuvo que ser criada por otra señora, en Barrero Grande. Años más tarde conoció a Don Agileo Ibarra, con quien contrajo matrimonio sin haber terminado el secundario. Según Doña Sumilda, la misma noche de la boda partieron junto con su esposo rumbo a Paraguarí. “Desde allí llegaron a Asunción; ese viaje no fue solo geográfico, fue el inicio de una nueva vida”, cuenta su nieto Aníbal Gómez Ibarra, el mayor de todos sus 7 nietos vivos -uno de ellos falleció- y el que conoce a fondo la historia de vida de su abuela. El primer golpe para doña Sumilda fue la pérdida de su primera hija, Pabla Ibarra, que murió apenas nacida. Pero luego vino Agileo y así inició su familia, basada en el esfuerzo y el trabajo. Sin embargo, a la edad de 60 años quedó viuda y así se dio paso a otra etapa en su vida.
Tarea pendiente
“Lejos de rendirse, tomó una decisión que marcaría su historia: Terminar sus estudios secundarios”, cuenta Aníbal sobre el nuevo capítulo que se abría en la vida de su abuela. Así fue como doña Sumilda, madre de 5 hijos y ya en la tercera edad volvió a las aulas, compartiendo clases con compañeros mucho más jóvenes. Y no solo culminó la secundaria, “sino que lo hizo como mejor egresada de su promoción”, comenta Aníbal orgulloso. Pero esto no fue suficiente para la abuela de Aníbal, ya que luego emprendió estudios de enfermería, peluquería, confección y farmacia. A los 75 años recibió su título de Profesora de Artes Plásticas.
Los deseos de aprender siempre estuvieron presentes en Doña Sumilda, quien trabajó hasta los 94 años y luego se jubiló tras 25 años de servicio como docente. En ese tiempo formó a alrededor de cinco generaciones de alumnos del Barrio Roberto L. Petit de Asunción. “Gracias al estudio aprendemos a comunicarnos, a entendernos y a darnos a entender”, afirma Doña Sumilda al tiempo de transmitir un poderoso mensaje a sus hijos, nietos y bisnietos: “El estudio es lo que nos hace mejores personas”. Ella más que nadie puede dar testimonio de esas palabras, con su vivo ejemplo de superación, demostrando que para educarse no hay edad.
Para Aníbal, sin embargo, la historia de su abuela no es solo la de una mujer que estudió de grande, sino “es la de alguien que eligió crecer cada vez que la vida la puso a prueba”.