27 jul 2026

Sobre el Mundial, el racismo y la “garra guaraní”

El Mundial de Fútbol llegó a su fin, el vacío existencial futbolero se expande por todo el globo terráqueo, y aquí en Paraguay, la vida lentamente va recobrando su rutinario y cansino ritmo, empapado en un melancólico viento norte, que de a momentos trae en espasmos los recuerdos, anécdotas y estadísticas que nos dejó este popular deporte y encuentro mundial, dirigido por una cuestionada y polémica entidad que mostró su oscuro rostro y despertó innumerables polémicas.

Como ejemplo nítido y perfecto de todas las acciones bochornosas de la FIFA, me quedo con la ridícula anulación de la tarjeta roja al futbolista estadounidense Folarin Balogun, a partir del llamado del presidente de los EEUU, Donald Trump, al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, que no hizo más que ponerle la cereza a la torta y despertar la indignación mundial.

Si bien fue un Mundial cargado de sorpresas, como la gran actuación de Cabo Verde y su arquero Vozinha, el impresionante desempeño de Noruega con Haaland a la cabeza y su hinchada de remadores, y cómo olvidar, la gran victoria de Paraguay a Alemania, a quien terminó eliminando en los 16vos del Mundial, con Orlando Gill como héroe, finalmente, los cuatro países que llegaron a las semifinales fueron los cuatro países mejor rankeados por la FIFA.

Argentina –como representante latinoamericano y con un heroico Messi a la cabeza– dejó en alto el fútbol de nuestra región, y pese a tener grandes jugadores, su liga interna no llega a los grandes volúmenes de dinero que manejan las ligas inglesa, española y francesa.

Los años pasarán y seguiremos lamentando el partido contra Francia, recordaremos el penal y veremos una y mil veces el video en el que se ve a Désiré Doué lanzarse antes de entrar en contacto con la pierna de Diego Gómez.

Cuando en una juntada de amigos o familiares rememoremos ese partido, inevitablemente terminaremos también recordando el patético cruce entre la senadora liberal Celeste Amarilla y el capitán francés Kylian Mbappé, hecho que dejó más en ridículo a la legisladora que al jugador de Francia pese a que este tuvo una actitud reprochable al finalizar el partido por no saludar al portero paraguayo.

Posiblemente, recordemos toda la reacción de la comunidad internacional en ese momento y de cómo fuimos acusados los paraguayos de ser racistas a la vez que numerosos extranjeros salieron a defender nuestra tradicional hospitalidad.

Allí algún tío o amigo saldrá a decir que los paraguayos no somos racistas, incluso puede que vaya al extremo de decir que somos hasta “vende patrias” en muchos sentidos, ya que varias partes del territorio nacional son ocupadas por comunidades migrantes cerradas.

Pero nadie, o probablemente muy poca gente, traerá a colación la relación social que existe en Paraguay con las comunidades indígenas, a pesar de que la jerga futbolera local y su réplica comercial utiliza constantemente la frase “garra guaraní” para hablar de la gallardía paraguaya en lo futbolístico.

Con mayor dificultad, alguien recordará que, esa misma semana de polémicas y acusaciones de racismo en Paraguay, los representantes de las diversas comunidades indígenas emitieron un comunicado reclamando que el Gobierno seguía manteniendo cerrada la oficina del Instituto Paraguayo del Indígena (Indi), y por ende, una línea política de abandono y oídos sordos a sus reclamos y trámites.

“Esta situación es una muestra más de la discriminación que sufrimos por parte del Estado paraguayo y sus autoridades, que no solo han cerrado las oficinas del INDI, sino que además nos niegan el acceso a derechos fundamentales como la salud, la educación, la tierra, el agua potable y muchos otros”, dice el comunicado.

Con menos probabilidad, alguien recordará que las comunidades indígenas diversas se habían unido en setiembre del año pasado para generar una gran movilización que duró diez días y terminó tumbando al entonces presidente del Indi general (SR) Juan Ramón Benegas.

En aquel entonces, asumió como nuevo titular Hugo Ramón Samaniego Hermosilla, quien llenó de promesas a los indígenas para calmar la protesta generalizada.

Pero una vez más fueron engañados y olvidados.

Más contenido de esta sección