Este 2026, varias obras del séptimo arte cumplen medio siglo. Más que una efeméride, el aniversario es una excusa para observar una década que redefinió la industria y la manera de mirar, actuar y narrar en pantalla.
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En esta serie, los ojos se colocan en cómo los clásicos de mediados de la década de 1970 impactaron en la sensibilidad y la carrera de referentes del audiovisual en Paraguay: desde la construcción técnica de una película hasta la memoria emocional de quienes crecieron frente a la pantalla.
Para Sebastián Peña Escobar, cineasta y productor, el cine de 1976 no solo marcó una época, sino que moldeó su propia visión creativa.
“Algunas películas dejaron huella en mi experiencia de ver cine, pero también en mi forma de pensar sobre el cine que veo”, comentó a ÚH el director de la película documental Los últimos (2023).
Taxi Driver, obra maestra de Martin Scorsese que definió el cine de los años 70, explica, es una de las tres películas que dejaron huella en su vida, como espectador y también en su estilo de entender el lenguaje cinematográfico.
Sobre el impacto de Scorsese, Peña Escobar destaca que en esa cinta se retrata a “un hombre solo en una ciudad que no duerme”, logrando que el director filmara “el vacío moderno antes de que supiéramos que vivíamos en él”.
Pero la crisis no solo atravesaba a los individuos. También alcanzaba a las instituciones.
Ese mismo año, el cine diseccionó el poder con All the President’s Men (Todos los hombres del presidente). Para Peña Escobar, la película representó “un thriller político total” porque expuso cómo “a la autoproclamada democracia más fuerte de la historia se le cae uno de sus velos”.
“Dos periodistas, una verdad que se cuenta desde la oscuridad. Y sigue más vigente que nunca”, reflexionó el productor de Las herederas (2018).
Si el thriller político expuso las fisuras del poder, el cine también empezó a mirar críticamente a los propios medios de comunicación.
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El terror también encontró una nueva dimensión en The Omen (La profecía), dirigida por Richard Donner. Para Peña Escobar, la película comprendió que “el horror más profundo no es el monstruo, sino generar la sensación de que el mal es inevitable”.
“Los que descubren la verdad mueren antes de poder contarla”, señaló sobre el filme que convirtió “al mal con corbata y jardín perfecto” en una de las imágenes más inquietantes del cine de la década.
A su vez, citó el remake de King Kong, producido por Dino De Laurentiis que en el año 1976, “destacó por su ambición técnica y narrativa”.
Para Peña Escobar, aquella década convirtió al cine en un espacio de riesgo creativo donde Hollywood todavía se permitía experimentar con formas, géneros y discursos”.