17 sept 2026

Raudales en el eje corporativo derivan de “licencias egoístas”

El crecimiento inmobiliario en zonas como la avenida Santa Teresa y Aviadores del Chaco transformó el paisaje urbano y dejó al descubierto la falta de infraestructura pluvial y la necesidad de una planificación que atienda de forma íntegra a la dinámica de la naturaleza.

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Aguas servidas. Edificios se habilitan con licencias que ignoran limitaciones del territorio.

Dardo Ramírez.

Cada lluvia intensa llena las calles de raudales de gran peligrosidad. De acuerdo con el ex fiscal de Medioambiente Ricardo Merlo, esta situación deriva de haber otorgado habilitaciones para proyectos habitacionales sin considerar el impacto ambiental y los riesgos hacia la comunidad y el medioambiente.

Merlo explicó que “una evaluación de impacto ambiental es un estudio que hace una predicción de cuáles serían los impactos que genera una obra o actividad”. Al ser una predicción basada en el entorno y las condiciones viales de desagüe que el proponente observa, muchas veces se establecen medidas de mitigación que resultan insuficientes cuando no se cuenta con una visión integral del territorio.

Esta desconexión entre la realidad estructural de la ciudad y los permisos otorgados sugiere que “no se tuvo toda esa información en el momento de autorizar la actividad (...) y permitir la licencia ambiental por parte del Mades”, lo que genera consecuencias preocupantes para la comunidad.

La problemática central, subrayó Merlo, radica en que el sistema actual tiende a evaluar los proyectos de forma individual, perdiendo de vista el conjunto. El profesional enfatiza la necesidad de transitar hacia un modelo de gestión estratégico, señalando que “un estudio de evaluación de impacto ambiental estratégico es un estudio previo que se hace de toda la zona para saber qué actividades pueden instalarse y bajo qué condiciones”.

Licencia estratégica

A diferencia del análisis “lote por lote”, que puede permitir una obra bajo una mirada restrictiva, un enfoque “holístico” permitiría determinar la capacidad de carga del ecosistema urbano, es decir, cuánto desarrollo puede soportar una zona antes de que los impactos humanos degraden irreversiblemente las condiciones de vida.

“Hoy tenemos ya las consecuencias no previstas dentro de la licencia ambiental ante el desarrollo urbanístico del lugar”, observó, refiriéndose al área de Santa Teresa y Aviadores del Chaco. “Tendrían que ser reevaluadas esas licencias para ver qué medidas de mitigación deberían cumplirse, o establecer una línea de comunicación directa con la Municipalidad para ver que este desarrollo cuente con una licencia ambiental estratégica.

Señaló que las medidas de mitigación que se establecieron como consecuencia de las construcciones de la zona “evidentemente fueron insuficientes y la decisión tomada por la Municipalidad tampoco tuvo evidentemente en cuenta todas estas necesidades estructurales para evitar estas consecuencias tan gravosas que tenemos en la zona”.

Cobertura verde

El profesional también se refirió al papel de la cobertura boscosa que por el crecimiento del negocio inmobiliario termina siendo arrasada en muchas ocasiones. Explicó que cuando se quita la cobertura boscosa, que es la que desacelera la velocidad con la que el agua viaja hasta las zonas más bajas por la gravedad, “(el líquido vital) termina arrastrando obviamente todo el material que va llevando, piedras, arena, y el arrastre va colmatando el curso de agua, influenciando en su trayectoria”.

Señaló que esta situación, sumada a la costumbre de vecinos que deciden arrojar basura en los cursos de agua, termina poniendo en riesgo a las calles. “Esa basura que traen estas lluvias fuertes, se arrastran y terminan taponando el curso habitual y ya no corre libremente; el agua busca sus cursos e ingresa a lugares habitados, como calles o viviendas”, explicó.

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