Con un mensaje centrado en la defensa de la producción nacional, la competitividad y la necesidad de reglas claras, la Asociación de Productores de Soja y Oleaginosas del Paraguay (APS) dio apertura oficial a la campaña de soja 2026-2027, en el marco de la IV edición de Siembra Paraguay y de los 27 años de vida institucional del gremio.
Durante el acto, que contó con la presencia del presidente de la República, Santiago Peña; el ministro de Agricultura y Ganadería, Carlos Giménez; la ministra del Obras Públicas, Claudia Centurión; el titular de la APS, Lindemar Cesca, destacó la evolución que experimentó el cultivo de soja en las últimas décadas y sostuvo que el crecimiento productivo fue acompañado por una mayor tecnificación, profesionalización y adopción de nuevas prácticas agrícolas.
Según los datos mencionados por el dirigente, en la campaña 1999-2000 la soja ocupaba unas 1,2 millones de hectáreas, con una producción de 2,91 millones de toneladas y un rendimiento promedio de 2.426 kilos por hectárea.
En contraste, al cierre de la campaña 2025-2026, el área sembrada llegó a 3,407 millones de hectáreas, con una producción estimada en 11,5 millones de toneladas y un rendimiento promedio nacional de 3.374 kilos por hectárea.
Cesca resaltó que este proceso fue posible mediante la incorporación de la siembra directa, la rotación de cultivos, mejores prácticas de manejo y nuevas tecnologías, además de la creciente vinculación de la agricultura con sectores como el transporte, el comercio, los servicios y la industria.
Uno de los principales planteamientos de la APS está relacionado con el acceso a la biotecnología. Cesca señaló que el sector reconoce la importancia de contar con semillas de calidad, variedades adaptadas a las condiciones locales y herramientas que permitan enfrentar plagas, enfermedades y variaciones climáticas. Sin embargo, reclamó que el acceso a esas tecnologías se produzca bajo condiciones transparentes y competitivas.
Rechazan más impuestos al sector
El titular del gremio sojero también rechazó de forma enfática la creación de nuevos impuestos sobre la producción y exportación de granos. Sostuvo que el productor ya contribuye a la economía mediante el pago de tributos, la generación de divisas, el empleo y el movimiento económico que genera la actividad agrícola.
Advirtió que una carga tributaria aplicada a la cadena exportadora puede terminar repercutiendo sobre el precio que recibe el productor, quien además debe afrontar los riesgos climáticos, financieros, de costos y de mercado. Pidió al Gobierno y al Congreso previsibilidad tributaria, estabilidad jurídica y eficiencia en el uso de los recursos públicos, alegando que la competitividad no debería construirse sobre una mayor presión para quienes producen.
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Cesca también reclamó garantías para la propiedad privada y mayor seguridad en las zonas rurales, al considerar que las ocupaciones ilegales y la falta de seguridad jurídica afectan las inversiones y la confianza en el país.
A esto sumó la necesidad de mejorar la infraestructura vial y logística, facilitar el acceso al financiamiento, desarrollar herramientas frente a eventos climáticos y simplificar los trámites relacionados con la incorporación de nuevas variedades y tecnologías.
También planteó como desafío la industrialización, con el objetivo de que una mayor proporción del valor generado por la producción permanezca en Paraguay.
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