08 abr. 2026

Privilegios y el bien común

A partir del comunicado de la Arquidiócesis de Asunción del pasado febrero sobre Seguridad y protección social, bien común de nuestro pueblo, comparto con ustedes algunas reflexiones desde mi experiencia de emprendedor empedernido.

El comunicado está muy bien escrito y es muy claro tanto en sus conceptos como en su propuesta. El modelo de nuestros grupos políticos, la forma de hacer política, hace rato ya no es la adecuada para las necesidades. Ciertamente, ha generado una clase socioeconómica especial en la que la Constitución de 1992 dio gradualmente espacio para beneficios, posiciones y relaciones en una estructura en la que el Parlamento luce como un estandarte muy cuestionado, aunque existen muchos otros ejemplos.

Esto ha impedido que, en lugar de parches o maquillajes, resolvamos de fondo los problemas serios, llámese el mal gasto del Estado, la corrupción con la complicidad del sector privado o la Caja Fiscal, y la lista es mucho más larga. No va a haber un momento adecuado. Nuestra red de codicia, beneficios personales, vínculos, obligaciones con nuestros adherentes o protectores nos tiene atrapados; entonces buscamos culpables, prórrogas, distracciones y pretextos.

Como un sencillo ejemplo: El hecho de que en el centro de la discusión esté los beneficios de un cargo electo como si fuera el de un empleado dependiente marca la enorme diferencia de visiones entre lo que necesita el país y lo que necesitan algunos. Por eso, nos cuesta tanto disminuir o eliminar privilegios, aclarando que en sociedades más serias con instituciones más fuertes algunos privilegios se consideran necesarios y positivos porque cumplen determinadas condiciones. Aquí no. Por eso, nos cuesta la gobernanza profesional, trabajar por resultados, trabajar por indicadores, rendir cuentas, respetar presupuestos, límites, reglamentos, ser transparentes. Se pueden lograr soluciones de fondo con seriedad profesional, acordando plazos, límites y cumpliendo compromisos y, sobre todo, sin mentir. En estos temas tan sensibles como la seguridad social, la gente merece la verdad.

En un escenario así, el diálogo, el pacto social, la renuncia a privilegios, las alianzas transversales son muy difíciles. La Cuaresma es época de conversión, y este comunicado debe llamarnos a los cristianos a una profunda reflexión seguida de las acciones que cada uno pueda encaminar desde su lugar de actividad, dando ejemplos y abandonando nuestras zonas cómodas para trabajar por el bien común. De paso, algunos suelen definirlo como “hacer bien a la mayoría”, y se trata de hacer bien a todos con un mínimo satisfactorio. Se basa en el respeto, no en mi necesidad, egoísmo u orgullo. Seas o no privilegiado, es momento de dar ejemplo y perseverar en la búsqueda y logro de la equidad sin importar cuánto tiempo ni cuánto esfuerzo lleve. Mejorar la salud, mejorar la educación, seguir generando oportunidades y empleos, participar, elegir mejor.

Como católico y como simple ciudadano, aplausos para el desafío del Arzobispado. Que el Espíritu Santo nos conceda discernimiento y coraje para las acciones más convenientes.

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