Opinión

Prematura y exasperante campaña

 

Estela Ruíz Díaz Por Estela Ruíz Díaz

La Ley Electoral establece claramente los plazos para hacer campaña electoral, pero como la mayoría de las disposiciones son enunciados sin fuerza legal, el código es letra muerta, o agónica, al menos. En Paraguay, las campañas políticas son permanentes, porque apenas finaliza una disputa electoral, se inicia otra. Sin dudas, la más larga de todas es la elección presidencial, porque está subyacente en cuanta disputa exista, desde la elección de las directivas de los clubes de fútbol, comisiones barriales y últimamente hasta de los cónclaves obispales.

La largada de las internas coloradas de cara al 2023 se dio el 10 de octubre, apenas finalizaron las elecciones municipales. Los dos candidatos, Santiago Peña y Hugo Velázquez, echaron a andar con mayor ímpetu sus campañas, ya sin el corsé de la operación Cicatriz y la camisa de fuerza de Concordia Colorada.

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La oposición, así dicha en singular aunque fuesen decenas y de distintas visiones, está en su propio laberinto, también pendiente de lo que sucede en la ANR, porque de la definición de la interna del partido oficialista dependerá la estrategia a delinear. Aún están en la búsqueda del candidato porque lo que revela el escenario parece no convencer demasiado.

El problema de esta disputa prematura es su transversalidad en todos los actos públicos, ya sean del Parlamento, del Ejecutivo, del Judicial, del municipio o las gobernaciones. Todo lo que deba resolverse, se resuelve con el encuadre de las posiciones políticas y lentos reacomodos para el 2023. Esto perjudica enormemente la dinámica de las políticas públicas.

LA VERDADERA DISPUTA. Sin dudas, la interna colorada es la más visible porque es la interna del poder. Y por la historia electoral de los últimos 30 años, es casi un hecho que quien gane la primaria es el futuro presidente de la República (la única excepción fue el 2008).

El estudio del Presupuesto General de la Nación es un escenario donde se disputa esta interna. Donde los intereses particularísimos de los legisladores afectan de manera criminal el interés general. El fondo para la educación fue el plató de esa disputa egoísta y cortoplacista. Y una vez más fueron los diputados quienes se ensuciaron las manos coartando el presupuesto para beneficiar el clientelismo. ¿Por qué? Es simple: ellos responden solamente a sus regiones, tienen una mirada acotada del país, parcelada, porque finalmente su banca depende de los votos de su departamento y de nadie más. Por eso el Senado, más allá de sus equivocaciones, es el que enmienda generalmente los errores o abusos de la Cámara Baja. Su banca es nacional y eso les obliga a tener una mirada holística. Históricamente ha sido la cámara más prudente, menos irracional. Y actualmente de la resistencia a la hegemonía cartista.

Aún no es tiempo de los ampulosos discursos y las promesas mentirosas. Aún no es tiempo de prometer el combate a la corrupción o poner en primer lugar la educación y la salud, o prometer trabajo y tierra para todos. Es la época del acopio de los operadores políticos y en ese trajín de idas y venidas, los caudillos y líderes emergentes van tomando posiciones según sus particulares intereses. Así vemos que gobernadores que antes respondían al oficialismo, hoy militan en Honor Colorado, o senadores que ingresaron por la nómina cartista hoy han encontrado refugio en la cálida protección presidencial. Otros mantienen distancia de ambos bandos, haciendo cálculos políticos.

Aprovechando el margen del tiempo electoral, Honor Colorado ha decidido mantener su apoyo al cada vez menos defendible gobernador de Central, cuya cabeza pende de la mayoría en la Cámara de Diputados. Señalan que falta un año aún para la interna presidencial y por ello Cartes apuesta su equipo político y jurídico para salvar a Hugo Javier. ¿Será este caso una pesada cruz para el 2023, como lo fue Óscar González Daher en el 2017 para Santiago Peña? Por ahora, creen que no. Además, el debate de la corrupción no es un problema ético en la ANR.

En la vereda de enfrente, Velázquez hace campaña de manera abierta y abusando de su rol de vicepresidente, cargo que le da recursos, conexiones, información privilegiada y, por qué no, capacidad coercitiva. Todos los días postea en sus redes sociales su frenética campaña de captación de caudillos regionales y casi siempre lo acompaña algún miembro del Gabinete ministerial. El mensaje es claro: tenemos el poder, los recursos y son nuestros.

En tanto, Honor Colorado/Horacio Cartes hace lo mismo. Tiene la efectiva capacidad de la billetera interminable de su líder que le genera adhesiones no solo en la ANR sino también en la oposición, en las élites económicas y judiciales. Con los votos que maneja, especialmente en Diputados, tiene la capacidad de modificar escenarios y ejercer las presiones para beneficio del grupo empresarial/político.

Son algunas señales de cómo la disputa electoral prematura en la ANR empieza a causar daño a la marcha del país.

Este escenario requiere un esfuerzo doble de la ciudadanía para evitar retrocesos. Como lo fue la recuperación de los fondos para la educación (victoria a medias ya que falta la definición en Diputados).

La adelantada disputa por el poder obliga a estar alertas más que nunca, a reclamar a los gritos, a movilizarse, a denunciar. Porque la única víctima de esta adelantada disputa es ese otro país que busca sobrevivir en medio de dos tiburones que hoy se dan mordiscos y cuando acaben su show, se sentarán a devorar a los más pequeños, como lo hicieron siempre.

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