Opinión

Pollo

Con el creciente y constante número de necesitados en hospitales o desahuciados por alguna razón, las polladas se han convertido en una manifestación tan recurrente que ha pasado a ser parte de nuestro paisaje social cotidiano

Benjamín Fernández Bogado Por Benjamín Fernández Bogado

Ante la ausencia de un sistema de salud que cubra lo mínimo, se debe recurrir al benemérito pollo que puede multiplicar por cuatro su valor sin cocción.

Las polladas son como el IPS popular, donde la solidaridad se manifiesta ayudando al necesitado y socializando al mismo tiempo con los vecinos y amigos. No hay semana que no haya alguna. La plaza pública es hoy la pollada, donde se desarrolla la vida social.

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El sistema de salud con deudas de más de 300 millones de dólares acumulados por compra de medicamentos debe ser tan malo que el propio candidato oficialista Arnoldo Wiens tuvo que admitir esta semana dicha realidad.

SALUD. La seguridad social siempre estuvo mal, pero ahora está peor. Su titular, que quiere ser senador, tiene tan abandonado al sistema que sus colegas médicos terminan por amputar piernas equivocadas, mientras el aportante debe conseguirse gasa, hilo y cintas para sostener los apósitos. Ahí también sin el pollo nadie aguanta los costos de procurar devolver la salud.

SOJA. El plumífero es tan versátil y sacrificado que solo después de 35 días de comer sin parar con las luces prendidas ya está listo para el matadero. No hay que esperar mucho tiempo y su demanda en el mercado chino hizo disparar nuestras exportaciones de soja de manera brutal.

Los sojeros le deben algún busto de agradecimiento al pollo también. Es la carne más barata de plaza y su demanda es tan grande que el contrabando de voluminosos congéneres suyos del Brasil que ingresan ilegalmente son frecuentes.

Tienen un impacto económico enorme y con razón han hecho de las polladas uno de los rituales sociales más frecuentes y constantes.

POLLADA. Solo los españoles recién llegados al país y no acostumbrados a la palabra desconfían de estos cenáculos llenos de solidaridad y buenas maneras.

Una ibérica le dijo a su madre a poco de llegar a estas tierras que sus amigas paraguayas la habían invitado a una pollada. El rostro de ambas reflejaba dos cosas distintas: en la madre, asombro y perplejidad, y en la hija, curiosidad malsana. Pobres las dos.

El fracaso del sistema sanitario y las estafas en serie han promovido las prácticas de participar de la liturgia del pollo.

En el caso de los funcionarios públicos del Senado estafados por una cooperativa interna el último encuentro no alcanzó para ese propósito que lo sustituyeron por una pancheada al tiempo que el presidente vetaba el aumento con el que querían enjuagar sus pérdidas. A sus demás colegas en tiempos electorales les entró lo mismo de reclamar todo incremento posible.

Los de la ANDE dicen que sus salarios no se han reajustado y otros claman igual por los efectos de la inflación. Quizás para que sepan lo que pasan los comunes deberían organizar polladas que equilibren sus ingresos.

EL TEKO. El pollo es un ave tan compenetrada con el teko Paraguay que sugiero que sustituya al león africano en nuestro escudo. Finalmente es más nuestro, y con el gorro frigio hacen parte de nuestra identidad forjada en las polladas de necesidad, socorro y angustia.

Será justicia con el pollo y con nosotros.

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