PDTE. FRANCO
Apenas horas después del inicio del plan piloto, la circulación de camiones vacíos en lastre por las calles urbanas de Presidente Franco, con destino al Brasil a través del Puente de la Integración, dejó al descubierto una realidad distinta a la que figuraba en los papeles.
Lo que debía ser un tránsito controlado y ordenado expuso, en la práctica, fallas de coordinación, ausencia de balizamiento y un impacto directo en la rutina de los vecinos.
La evaluación fue realizada por el Gral. Brig. (R) Cayo Rafael Arréllaga Ibarra, miembro de Fomento Vecinal del barrio Área 5 e integrante del Consejo de Desarrollo de Presidente Franco (Codefran), quien acompañó de cerca los primeros días de implementación.
El sábado durante unas siete horas de operación, y nuevamente el domingo por la noche, el tránsito experimental presentó inconvenientes significativos. Según Arréllaga, no se cumplió a cabalidad lo planificado en cuanto a la coordinación previa entre la Policía Municipal de Tránsito (PMT) de Pdte. Franco y la Patrulla Caminera de Ciudad del Este.
El punto más crítico se registró en el denominado “cuello de botella” de la Avenida General Bernardino Caballero, en su intersección con la primera rotonda del barrio Tres Fronteras. Allí, un tramo de apenas 6,20 metros de ancho fue suficiente para que, antes de la medianoche del primer día, el paso quedara totalmente obstruido, impidiendo la circulación normal de vehículos que ingresaban desde Tres Fronteras hacia el casco urbano.
La escena se repitió el domingo, con cierres improvisados de bocacalles en distintos puntos del área urbana, generando confusión y malestar.
La falta de balizamiento y control efectivo derivó en un problema mayor. Camiones que intentaban ingresar por el Ejido Urbano, al no encontrar orientación adecuada, se desviaron hacia barrios no habilitados, dejando cables del tendido eléctrico, de internet y de la ANDE, sueltos, provocando interrupciones de servicios esenciales.
Uno de los casos más graves se produjo en el barrio San Roque, donde la situación desembocó en la protesta directa de los vecinos contra los camioneros. Fueron los propios residentes quienes debieron llamar a la ANDE, a los bomberos y a la PMT para subsanar los daños. “Esto no hubiera ocurrido si la Policía Municipal de Tránsito balizaba y controlaba correctamente el ingreso de los camiones al ejido urbano establecido”, lamentó.
El itinerario habilitado atraviesa un eje urbano de aproximadamente cinco kilómetros, una extensión considerable para soportar el paso de camiones de gran porte, aun cuando estos circulen vacíos. La experiencia de los primeros días dejó en claro que sin presencia permanente de la PMT, el impacto sobre la ciudad se multiplica.
El propio evaluador reconoce que es un periodo de prueba, pero advierte que un plan piloto solo puede funcionar si va acompañado de control constante, señalización visible y coordinación interinstitucional real, no solo declarativa.
El paso experimental de camiones vacíos en el segundo paso con Brasil sirve para evaluar la viabilidad logística del nuevo cruce internacional. También pone a prueba la capacidad de gestión urbana, la reacción de las autoridades y el respeto a una ciudadanía que, una vez más, siente que los ajustes se hacen sobre su paciencia y su seguridad.