Por Elías Piris | elias-piris@uhora.com.py | Twitter: @eliaspiris
El Centro de Convenciones de la Conmebol, lugar caracterizado por la buena acústica, sirvió de refugio perfecto para la lluviosa noche de sábado que se perfilaba a ser memorable.
Los beats de los DJ’s invitados sonaban de fondo, mientras los asistentes se aprestaban a llenar de a poco el predio.
Escasos 6 minutos hicieron que la puntualidad inglesa no se cumpla a rajatabla, ya que a las 23.06 las luces se apagaban y una pantalla en el escenario proyectaba imágenes de un onírico viaje en tren, mientras sonaba <em>Axis</em>, primera canción de la noche, apertura para un viaje a través del tiempo que ya se veía venir.
Una voz femenina daba la bienvenida y a su vez se equivocaba de horario diciendo en un español con acento foráneo: “Buenas tardes Asunción, somos Pet Shop Boys, bienvenidos a eléctrica”, y seguidamente sonaban <em>One More Chance</em> y <em>A Face Like That</em>, cuando el telón caía dejando al público ver a sus ídolos.
Esta vez no había batería, ni bajo o guitarras, mucho menos violines o instrumentos de viento, eran dos hombres, un micrófono y un sintetizador, prueba de que a la hora de hacer música, lo transgresor vale y es precisamente eso lo que quedó demostrado.
Con <em>Memory of The Future</em>, un público que de entrada se mostró apático, empezaba a engancharse y adentrarse en el show, momento en el que el vocalista Neil Tenant, a modo de reivindicación en materia horaria saludó con un “buenas noches Paraguay”.
El baile en algunos sectores pudo notarse al sonar la popular <em>Fugitive</em>, himno de las frecuencias moduladas así como <em>Integral</em>, tema que le sucedió, con el aliciente de dos bailarines disfrazados de toros, para sorpresa de los asistentes. El ritual de la bestia pop comenzaba a fluir.
Siguieron <em>I wouldn’t normally do this kind of thing</em> y otro caballo de batalla del grupo: <em>Suburbia</em>.
Sin parar las revoluciones, las luces láser danzaban al compás de <em>I’m not scared</em> para luego disminuir el tempo con otro clásico: <em>Invisible</em>.
El set list, calcado de su último show en la ciudad de Buenos Aires prosiguió con <em>Last To Die</em> y <em>Somewhere</em>. El bajón característico del clima húmedo se disipó para dar paso a la calidez y el entusiasmo que iba en aumento. La máquina del tiempo programada por los Pet Shop Boys marchaba a la perfección y sin sobresaltos con <em>Leaving</em> y <em>Thursday</em>.
Como dicta el manual estratégico, el clímax llegó casi al final con éxitos de la talla de <em>Rent</em>, <em>It’s a Sin</em>, la inefable <em>Domino Dancing</em>, conocida y coreada por la mayoría.
Pero faltaba más. La artillería pesada vino de la mano de <em>Go West</em> y <em>Always On My Mind</em>, con un agradecimiento en guaraní: “Aguyje Asunción”, pronunciada por un emocionado y conforme Tenant.
El dueto amagaba con dejar el escenario, para ceder ante la petición del público con un encore que consistió en la ya legendaria <em>West End Girls</em> y <em>Vocal</em>.
Así terminaba el viaje placentero, de manera ceremoniosa y sin sobresaltos, dejando una estela de satisfacción y ganas de seguir bailando y festejando.