Hay ciudades que se reconstruyen desde el cemento. Otras, desde la gente. Asunción eligió lo segundo. Y en ese gesto colectivo, Palmear se posiciona como una de las expresiones más vibrantes de esa transformación silenciosa pero contundente. Lo que comenzó como un experimento urbano hoy es una coreografía ciudadana que convoca, conecta y resignifica el espacio público.
Este sábado 18 marca el inicio de su tercera temporada, y lo hace con una declaración estética y cultural potente: una edición dedicada a Japón, en conmemoración de los 90 años de inmigración japonesa en Paraguay. La elección no es casual: es una forma de narrar el mestizaje cultural desde el presente, con una programación que incluirá expresiones como taiko, bon odori y yosakoi, integrando tradición, movimiento y memoria en plena calle Palma.
De evento a fenómeno urbano
Para Sebastián Peña, vocero de la Asociación de la Movida del Centro Histórico de Asunción (AMCHA), el verdadero logro de Palmear no se mide solo en cifras, aunque las cifras impresionan, sino en comportamiento social.
“Palmear empezó como una prueba para reactivar la calle Palma, pero hoy es algo que la gente espera. Pasó de ser un evento a convertirse en un hábito”, explica. Y en esa transformación radica su fuerza: en haber reinstalado el centro como un lugar de encuentro.
Con una convocatoria que alcanzó las 60.000 personas mensuales en 2025, la feria se sostiene a partir de una articulación poco frecuente pero efectiva entre sector público, privado y sociedad civil. La presencia de instituciones, emprendedores, artistas y organismos estatales no es decorativa: es estructural.
El impacto es tangible. Comercios que vuelven a abrir, nuevas propuestas que emergen, familias que regresan a caminar. “El centro volvió a latir”, resume Peña, sintetizando una escena que parecía improbable hace apenas unos años.
En esa misma línea, el crecimiento de Palmear también implicó una evolución en su curaduría. La selección de feriantes ya no responde únicamente a la disponibilidad, sino a un criterio más afinado: identidad, calidad y diversidad. La experiencia del visitante se piensa como un recorrido integral donde la gastronomía, el arte y el diseño dialogan entre sí.
A esto se suma la incorporación de instituciones como el Instituto Paraguayo de Artesanía, el Ministerio de Industria y Comercio y propuestas provenientes de distintos barrios de Asunción, que aportan una dimensión más inclusiva y representativa del país. Palmear no solo exhibe, también narra quiénes somos.
Lea más: Con arte celebran 90 años de la inmigración japonesa en calle Palma
Cultura, ciudad y futuro compartido
Desde la mirada institucional, Cielo Moreno, de la Oficina de la Primera Dama, sitúa a Palmear dentro de una estrategia más amplia de revitalización urbana. Impulsado inicialmente bajo el liderazgo de Leticia Ocampos, el proyecto se convirtió en un dispositivo cultural con impacto social directo.
“Hoy ya no es solo una feria, es un movimiento ciudadano”, afirma Moreno. Y ese movimiento se traduce en inclusión: acceso gratuito a la cultura, participación de emprendedores, presencia de familias, jóvenes y artistas en un mismo espacio.
La edición 2026 amplía su alcance físico y simbólico: se incorporan plazas como nuevos escenarios (O’Leary y Plaza de los Héroes), se proyectan ediciones temáticas durante todo el año y se plantea incluso extender la experiencia a otros días, acompañando eventos nacionales como los partidos de la Albirroja.
El impacto económico también se consolida como uno de los pilares del proyecto. Solo en 2025, el movimiento generado rondó los USD 500.000, beneficiando directamente a microemprendedores, artesanos y al sector gastronómico. Pero más allá de los números, lo que se fortalece es un ecosistema donde el talento local encuentra visibilidad y sostenibilidad.
Desde lo social, Palmear recupera algo intangible pero esencial: el sentido de pertenencia. La famosa “Palmeada”, que alguna vez fue parte del imaginario colectivo, hoy renace con una nueva generación que la resignifica. Jóvenes que hacen suyo el espacio, familias que vuelven a apropiarse de la ciudad y artistas que encuentran un escenario abierto y democrático.
El desafío –coinciden sus protagonistas– es crecer sin perder esencia. Mantener la calidad, la diversidad y esa sensación de pertenencia que convierte a cada edición en algo más que una feria.
En la cuenta regresiva hacia los 500 años de Asunción, Palmear se perfila como una pieza clave: no desde la monumentalidad, sino desde lo cotidiano. Porque cuando una ciudad logra que su gente vuelva a habitarla, a disfrutarla y a celebrarla, ya no necesita reinventarse. Solo necesita seguir viva.
Te pude interesar: Emergencias, una comedia que promete curar con risas
Cultura nipón
El programa artístico tendrá momentos clave a lo largo del día: a las 12:00 se presentará el potente show de tambores de Japan Bunka Taiko, seguido a las 12:25 por el tradicional baile bon odori, a cargo de la Asociación de Damas Japonesas. Ya por la tarde, a las 17:00 se presentará la Banda y Ballet Folklórico Municipal; a las 18:00, el Grupo Kosei Paraguay desplegará la energía del yosakoi, mientras que a las 19:00 regresará el espectáculo de taiko y a las 19:45 una nueva presentación de bon odori.
Posteriormente, a las 20:00 estará el Ballet Folklórico Nacional con la tradicional danza de la botella, mientras que Purahéi Soul subirá con un repertorio variado a las 21:00, cerrando la jornada la Rec Band.