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Pacto con demasiadas interrogantes

En respuesta a los fuertes cuestionamientos por su inmovilismo ante la desaceleración económica que tiene a maltraer a su Gobierno, el presidente Mario Abdo Benítez presentó el lunes su plan anticrisis. La foto oficial en la red social Twitter lo mostraba sentado en su despacho con el Equipo Económico alrededor con sendas carpetas, buscando mostrar una imagen laboral. "Hoy presentamos las acciones inmediatas para fortalecer la inversión, el empleo y la ayuda social", explicó las tres líneas a atacar. Agregó que inyectarán 1.543 millones de dólares para dinamizar la economía.

El anuncio se tomó con escepticismo. Su Gobierno adolece, al igual que los anteriores, de un problema endémico de la burocracia: lentitud en la ejecución de los proyectos. Pero donde mayor sensación de debilidad reflejó fue con los acontecimientos en el Congreso, que renovó autoridades que asumirán el 1 de julio.

Los pactos son normales en política. Y, generalmente, se dan para consolidar los gobiernos que apelan a los acuerdos según sus intereses. Todo presidente de la República busca controlar el Congreso o al menos una de las cámaras. Cuando asumió el año pasado, Añetete se quedó con la presidencia del Senado y de Diputados, pero para el periodo 2019/2020 perdió las llaves de ambas cámaras. Los resultados reflejan la pérdida de poder presidencial, fruto de jugadas sugestivas de su propio equipo.

En el Senado fue encumbrado el cuestionado Blas Llano, mientras que en la Cámara de Diputados fue electo el cartista Pedro Alliana. En las dos cámaras hubo pacto entre cartistas, abdistas y llanistas. Una cúpula azulgrana que discrimina a las demás fuerzas opositoras que integran el Parlamento, como prueba de la segregación y el desprecio a la diversidad política. Esta nueva configuración debilita al presidente, que a menos de un año de gestión se ve obligado a ceder espacios de poder a su adversario político, por recomendación de sus propios compañeros de movimiento. En el Senado se dio cumplimiento a un pacto del año pasado. Fue una devolución de favores. Y aunque a Llano se lo vincula con el cartismo, porque fue su soporte legislativo en todo su mandato, en Palacio creen que así como fue funcional a Horacio Cartes lo será con Marito. “Blas es obsecuente al poder”, desdramatizó un oficialista.

La elección de Alliana tiene otro impacto. Aparte de significar simbólicamente el retorno del cartismo al poder, bajo el rótulo de la unidad colorada, confirmó el rol de mediador de Hugo Velázquez con Horacio Cartes. El vicepresidente se encargó personalmente de la negociación y convenció a Marito de la conveniencia del pacto. “Facilitará la gobernabilidad”, le dijo.

La figura del vicepresidente crece cada día más. Tanto que en muchos sectores lo ven como el poder real. Algunos ya advierten riesgo en su escalada porque abarca varias instituciones: la Contraloría, el Congreso, sectores de la Fiscalía y el Poder Judicial. Habla como nadie el idioma del poder basado en la contraprestación de favores.

CORTA VIDA. En el Gobierno saben que este pacto tiene fecha de vencimiento, pero no saben a ciencia cierta cuándo será el quiebre.

La dinámica colorada afecta la gestión y la demora presidencial en jugar las cartas más importantes apenas asumió ponen en riesgo su eficacia. La disputa por las intendencias empieza a aflorar y apenas se marque la cancha cada quien volverá a su esquina del cuadrilátero para golpear nuevamente. Entonces se acabará la predisposición en el Congreso. La frágil unidad colorada se da en los escasos espacios en los que no hay elecciones y Marito dilapidó su tiempo.

El Ejecutivo busca la aprobación de su reforma impositiva que ya está marcada para el miércoles. ¿Pero aprobarán a libro cerrado su propuesta? En su aparición pública en abril, Cartes se había mostrado contrario a la suba de impuestos. ¿En qué cederá? El pacto incluye también el paquete antilavado, que es aún más complejo y polémico. Otra pregunta que flota en el ambiente: ¿Incluye este acuerdo la jura de Cartes como senador?

Otro tema caliente se sumará en breve: la definición de la terna para la Corte y aquí se dará una disputa muy particular entre Marito y Velázquez, ya que se menciona que la jueza Alma Méndez tiene la simpatía del vicepresidente, mientras que Carolina Llanes goza de la confianza del presidente. El tercero, Linneo Ynsfrán, tiene el padrinazgo de Juan Carlos Galaverna, relación que ya le costó el veto de Cartes en el 2015.

Aunque en Palacio barnizan con pragmatismo político el pacto, el resultado debilita al presidente que sin llegar al año del poder resigna el Congreso a políticos a los que combatió ferozmente porque los acusaba de destruir la institucionalidad y a quienes derrotó electoralmente justamente enarbolando esa bandera. De paso, dio la espalda a opositores que caminaron a su lado en aquellas batallas y a quienes además tampoco intentó convencer de sus planes.

La semana finaliza con la fuerte sensación de debilidad del presidente, que sigue sin conquistar la confianza ciudadana cada vez más alarmada por los casos de corrupción de gestiones anteriores y la voracidad de los nuevos administradores.

Tal vez no se lo cuenten, pero alguien debería hacerlo: mientras su figura decrece, aumenta la de sus aliados que ya no parecen tanto, mientras en las aguas subterráneas del poder se agitan densas oleadas que apuntan a erosionar aún más su débil Gobierno.

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