Hace 35 años, una casa familiar en el centro de Asunción se convirtió en el punto de partida de una historia ligada al arte. El 9 de agosto de 1991, Pablo Ávila y su hermana Marta transformaron la planta baja de la vivienda de sus padres en un espacio dedicado a las obras de artistas paraguayos. Así nació la Galería Taller, un proyecto que con los años cambiaría de nombre y de formato, pero no de propósito.
La idea surgió cuando Marta, recién graduada de arquitecta y también interesada en el arte, regresó a mirar aquella casa familiar. “Era una casa muy grande donde nos criamos. En la parte de abajo estaba vacía y en el segundo piso vivían mis padres. Entonces, decidimos abrir abajo, arreglar todo, poner todo en condiciones e inaugurar la Galería Taller”, recuerda Ávila. La primera exposición reunió a varios artistas y tuvo entre sus participantes a Olga Blinder, una de las grandes referentes del arte paraguayo y orientadora de Cristina Paoli, esposa de Pablo.
Los comienzos no fueron sencillos. Las exposiciones tenían costos y, sin auspiciantes, sostener una galería era complicado. Para Ávila, sin embargo, no se trataba de un pasatiempo. “Las muestras no eran rentables si no tenías auspiciantes. Era muy difícil hacerlas y yo necesitaba que fueran rentables porque yo vivía de esto. Para mí, no era un lujo ni tampoco una distracción. Era mi trabajo con el cual tenía que solventar los gastos de mi familia”. Ese trabajo también permitió formar y educar a sus tres hijos, Renata, Santiago y Pablo hasta la universidad.
UNA GALERÍA DENTRO DE LA CASA. Cuando su hermana Marta decidió irse a vivir a Buenos Aires, Pablo compró su parte y continuó solo con el proyecto. Después de nueve años en la casa de sus padres, llegó el año 2000 y tomó otra decisión importante: Trasladar la galería a su propia vivienda. “Le llamo a Cristina y le digo: Sacame el living. Sacame todas las cortinas, vamos a convertir en negocio nuestra sala. Y así fue. Convertimos en negocio nuestra sala”, cuenta.
La nueva sede llevó también a un cambio de identidad. La Galería Taller pasó a llamarse Galería Pablo Ávila y terminó convirtiéndose, casi sin proponérselo, en un Home Gallery. “Yo no sabía hasta que descubrí un día, en una charla que dio una galerista argentina, que yo tenía un Home Gallery. Porque yo abría la puerta de mi dormitorio, abría la puerta de al lado y ya estaba dentro de mi negocio”, relata. La convivencia entre casa y galería hizo que el espacio adquiriera un carácter particular, con visitantes, artistas, coleccionistas y amigos entrando a una vivienda que también funcionaba como lugar de encuentro con el arte.
Pero la galería fue mucho más que exhibición y venta de obras. Ávila desarrolló servicios de restauración, montaje y tasación, además del asesoramiento a coleccionistas. Esa relación cercana permitió construir una confianza que, según recuerda, fue fundamental para sostener el negocio durante décadas. Paralelamente, participó activamente en el sector: Es socio fundador de la Asociación de Galerías de Arte del Paraguay (Asgapa) e integró durante 20 años Gente de Arte, organización de la que fue presidente durante cinco años.
PROMOCIÓN DEL ARTE. El recorrido también debe entenderse dentro de un país donde promover y comercializar arte nunca fue sencillo. “Promover el arte en un país que vive como si el arte no existiera es muy difícil. Es difícil. Pero cuando te gusta lo que hacés, lo hacés con gusto, no importa la dificultad”, sostiene.
Esa mirada explica también su participación en iniciativas colectivas como la Noche de Galerías, que este año llega a su duodécima edición, y el Premio de Lectura Crítica Joven, que alcanza su sexta edición.
Para Ávila, esos proyectos son parte de una construcción que supera a las galerías individuales. “Todas esas cosas son logros muy grandes que solamente se pueden hacer en colectivo. Por eso yo siempre participé en los colectivos de arte”, señala.
Su vínculo con el arte también se convirtió en una experiencia familiar: Sus hijos mayores trabajaron con él desde adolescentes y actualmente Pablo, el menor, participa junto a su esposa en la producción del aniversario de la galería.
La celebración de los 35 años se realizará el 3 de setiembre, con una propuesta que mantiene ese espíritu familiar y artístico. La historia de la Galería Pablo Ávila es, en buena medida, la historia de una decisión sostenida en el tiempo: convertir una pasión en trabajo y encontrar en el arte una forma de vida. “Es una sensación maravillosa la que se siente cuando uno hace lo que le gusta y está en lo que le gusta”, resume Ávila.