Hay una especie de trastorno denominado dendrofobia, que es el miedo irrefrenable a los árboles. Este trastorno está muy extendido entre autoridades encargadas de la gestión urbana y los constructores en general porque, árbol que ven, fija que lo cortan; sin mencionar las famosas urbanizaciones de viviendas económicas, con casitas fotocopiadas, en un paisaje desértico pues ni yuyo dejan los Atilas.
El tema da para ponerse a pensar, es como uno de esos misterios, ¿qué lo que tienen los paraguayos contra los árboles? Y pueden decir que está mal generalizar y está muy mal generalizar, pero se puede, no obstante, identificar una conducta tan característica.
El otro día, por ejemplo, de camino a la parada del bus vi en mi barrio que una casa en una esquina estaba siendo desmontada, y no sé si es la palabra exacta, pero no me importa. En un santiamén la casa desapareció y ya comenzaron si que luego a cavar.
Antes, sin embargo, procedieron a derribar un árbol que estaba en la vereda, creo que era un chivato, pero no me hagan caso porque no sería capaz de identificar árboles. La cuestión es que el ejemplar era grande.
Con el correr de los días colocaron un cartel y anunciaron la próxima apertura de salones comerciales. Luego, un taxista acabó con el misterio y me contó que iba a ser una farmacia, y no les diré el nombre de la cadena, porque este es un espacio libre de publicidad.
Pensando ahora, que sé cómo se va a ver el famoso salón para la farmacia, realmente no entiendo el porqué les molestaba el árbol porque la construcción susodicha es bastante sosa, bastante primaria, es cemento y puro vidrio. Pero ellos, lo primero que hicieron fue derribar un árbol para hacer lugar, supongo, ampliar el estacionamiento. El auto le ganó al árbol.
El país y Asunción, en particular, han visto ya varios ecocidios. Como saben, ecocidio es la destrucción o la alteración de los ecosistemas de un territorio hasta el punto de que la recuperación es casi imposible. El término proviene del griego oikos (casa) y el latín -cidio (acción de matar), o sea, literalmente es: “Matar el propio hogar”.
Uno de los últimos y más escandalosos fue la destrucción de un bosque urbano. Sucedió hace como un año y medio, más o menos, cuando la Municipalidad de Asunción, a través de su Dirección de Gestión Ambiental, permitió que los árboles que componían el bosque San Vicente fueran derribados. A la gente de la Municipalidad liderada entonces por Nenecho Rodríguez no le importó el reclamo de los vecinos ni de los parlamentarios.
Recuerden que la diputada Johanna Ortega, con un colega colorado, lograron que la Cámara de Diputados aprobara el proyecto de ley que expropiaba el inmueble para convertirlo en un espacio público. El problema es que el proyecto fue rechazado en el Senado, y para cuando volvió a Diputados, la mayoría votó en contra.
Echaron 117 árboles, árboles de más de 100 años de antigüedad para levantar un edificio para un supermercado.
Hoy el bosque ya no existe, y dentro de poco, si seguimos así la sombrita de la Plaza Uruguaya, los juegos para niños y los espacios ciudadanos tampoco. En vez de convertir los poquísimos espacios públicos que tenemos en lugares amigables, cómodos, donde la gente se pueda sentar a descansar, o encontrarse a hablar o lo que sea, tomar tereré, en vez de eso, instalan bancos de cemento sin respaldos, eliminan los juegos para los niños y ponen plantas sin el menor criterio, que mueren a los pocos días.
Algo parecido a lo que hace rato vienen amenazando con hacer en el Puerto de Asunción, donde convertirán ese espacio en un coso con bares, restaurantes, cafeterías, comercios, comercios, comercios y centro para conciertos y eventos. Como el shopping, sin plata, ni pases por enfrente.
Nunca luego se les ocurre construir algo ciudadano, algo lindo, seguro y gratuito para la gente del barrio.
Entiendo que haya gente que odia las plazas, los espacios verdes públicos gratuitos, y entiendo que siempre persigan tener más plata.
Lo que no entiendo es por qué nosotros, los que no tenemos espacios comunitarios verdes seguros en el barrio, los seguimos votando.