¡Qué buen momento, Paraguay! Después de 16 años, la Selección vuelve al Mundial y junto a ella algo que el país necesitaba: Ilusión colectiva. No lo veamos solo como fútbol, es pasión, alegría y optimismo. Y el optimismo compartido entre millones puede mover muchas cosas.
No dejemos pasar de largo la oportunidad. Esta clasificación mundialista genera una cadena de consumo que apenas empieza por la camiseta e impacta luego en la gastronomía, hospedajes, estaciones de servicio, agencias de viaje, todos los comercios y plataformas, llegando hasta los pequeños emprendedores. Los analistas estiman que, entre ventas directas, turismo, publicidad y servicios asociados, en Paraguay se moverían cientos de millones de dólares durante el ciclo mundialista. Para una economía del tamaño de la nuestra, esto es un golazo.
Este partido se debe jugar en serio. Entender que no dura solo 90 minutos, sino meses, años inclusive. Porque se activarán decisiones, las empresas lanzarán promociones y las marcas invertirán. Los jóvenes tendrán nuevos trabajos temporales, se generarán empleos, el consumo va a cambiar. El fútbol genera emociones, también mueve el tablero comercial.
Este Mundial coincide con un buen momento del Paraguay. Y esta clasificación debe generar más y mejores señales positivas, en todos los ámbitos. Ayudarnos a creer en que las cosas pueden hacerse bien. El torneo no resolverá problemas estructurales, pero puede mostrar otra imagen del país: Un Paraguay joven, dinámico y hambriento de nuevas oportunidades.
Más camisetas, más trabajo, más de todo. Que esa sea la constante de los próximos meses. Detrás de cada transacción hay un esquema. Se fabrica, se diseña, distribuye, vende comida y organiza eventos, a la par de transportar personas. El Mundial convierte emociones en actividades económicas. Y de ese banquete, pueden participar todos los que se remanguen.
Los negocios jugarán en la delantera. Las empresas paraguayas tienen una oportunidad enorme para conectar con la gente. No solamente vendiendo, sino generando experiencias, campañas y espacios de encuentro. Los hábitos de consumo se generan a través de emociones.
Este Mundial nos da otra oportunidad más: Demostrar –y demostrarnos– que Paraguay puede organizarse alrededor de objetivos positivos porque cuando el país se enciende en entusiasmo, surgen la creatividad, esfuerzo y colaboración. Y eso vale mucho más que cualquier resultado deportivo.
No podemos desaprovechar este córner sin meter la cabeza buscando el gol. Las oportunidades no se repiten con frecuencia. Esta participación debe aprovecharse con visión, inteligencia y trabajo serio. No es suficiente celebrar. Hay que prepararse.
El verdadero desafío ya empezó porque sí, todos tendremos la Albirroja puesta frente al televisor, en las calles y en las oficinas, pero el partido más importante será transformar esa emoción en oportunidades concretas para el país. Y ese partido, lo jugamos todos.