28 feb. 2024

No es un país seguro para niños y mujeres

Este 2023 sin dudas se ha iniciado de manera violenta: Ayer una mujer de 69 años fue muerta en su casa por su marido, sucedió en el barrio Ykua Duré de Luque. La semana pasada una docente fue muerta en el barrio Loma Pytá de Asunción, por los balazos de un policía retirado; mientras que la anterior, en Hernandarias, un hombre mató a puñaladas a su novia de 23 años.

Frente a cada nuevo caso se nota un interés por informar mejor por parte de la prensa. Tampoco es que nadie nos lo pida, creo que hay un sincero compromiso en hacerlo mejor. Por eso, precisamente se debe asumir que la paraguaya, es una sociedad que lo primero que piensa ante un feminicidio, es que la mujer dejó al marido y este en un “arrebato de celos” la descuartizó… Y mientras escuchamos el reporte del feminicidio del día, en los pasillos se escucha que “ella luego ya tenía otro novio…”, y por eso el marido se enojó, más un largo etcétera de comentarios justificadores.

Estos comentarios tan comunes, al mismo tiempo de buscar una explicación del porqué un tipo mata a golpes a su esposa, terminan justificando la acción de los varones porque angá fueron provocados por la mujer que les abandonó.

Es terriblemente preocupante que no podamos debatir lo que realmente hay bajo la superficie de la muerte de estas mujeres. Es la violencia machista justificada por una sociedad que ve a las mujeres como ciudadanos de segunda categoría.

Después de todo, ¿de dónde surge la idea de que él puede hacer lo que quiere con el cuerpo de la otra persona? El feminicida claramente no bajó de un ovni un día y agarró un mazo para matar a golpes a una mujer. El feminicida es producto de una educación y un sistema.

Recordemos que en el Paraguay, por culpa de los retrógrados, la escuela no permite una educación integral que permita a niños y niñas saber defenderse de los agresores sexuales, entre otras cuestiones. Padecemos una educación que no nos enseña que todos somos iguales en derechos y dignidad, y que nadie es dueño de nadie; una educación que no enseña que hay que respetar los límites, que no es no.

Todo eso debe cambiar, y no hay tiempo para discursitos porque la realidad nos muestra que somos un país en el cual los niños, las niñas y las mujeres viven en constante peligro.

Como dio a conocer recientemente el Ministerio Público, van en aumento los casos de abuso sexual en niños. Los casos de abuso sexual se incrementaron entre 10 a 11 víctimas por día en el año 2022 (3.804); cuando que en el 2021 hubo entre 7 y 8 casos por día (2.847) en promedio.

3.804 víctimas por abuso sexual fueron atendidas por la Fiscalía, a eso se debe agregar 1.452 casos de maltrato, y casi 897 casos por estupro. Contra niños, niñas y adolescentes se comete abuso sexual infantil, maltrato a menores bajo tutela y estupro. La fiscalía tiene datos sobre trata de personas, pornografía infantil, abuso sexual en personas bajo tutela, proxenetismo, actos sexuales contra menores y otros.

Como decía la directora ejecutiva adjunta de ONU Mujeres, Anita Bhatia: “Si algo te está matando, eso es una emergencia sanitaria”. Lástima que nuestras autoridades ya solo piensan en cómo van a acabar sus carreras si gana la Concertación. Por lo demás, a nadie le importa que sigan muriendo mujeres.

Estamos en una emergencia, pero las autoridades están muy tranquilas, y es tanta su indiferencia que, como se lee en el informe de Derechos Humanos 2022 de la Codehupy, hay un gradual descenso en el presupuesto asignado al Ministerio de la Mujer desde el 2018 hasta el 2022. Para el 2023, nuevamente el presupuesto asignado presenta un recorte del 3,4%.

Así como vamos, van a seguir muriendo mujeres porque, además, las que se animan a denunciar y buscar ayuda; muchas veces primero son víctimas del propio sistema que a veces funciona mal, muy mal.

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