11 jul 2026

Necesitamos luz en Itaipú

Si hay una lección que la historia política reciente nos ha enseñado a los paraguayos, es que los acuerdos firmados a puertas cerradas rara vez benefician al dueño de casa. La revisión del Anexo C del Tratado de Itaipú representa, sin exageraciones, la encrucijada económica y soberana más importante de nuestra generación. Sin embargo, el persistente oscurantismo con el que las autoridades manejan las negociaciones nos obliga a permanecer en alerta. Negociar a espaldas del pueblo es, en el mejor de los casos, una torpeza estratégica; en el peor, la antesala de un nuevo entreguismo.

Itaipú no es una estancia privada. No es un botín para el poderoso de turno como muchos políticos creen; es el mayor activo del Estado paraguayo. Por lo tanto, el secretismo diplomático no tiene cabida aquí. Cuando las reuniones se manejan bajo un manto de confidencialidad extrema, la ciudadanía pierde la capacidad de controlar qué se está cediendo y a cambio de qué. La transparencia no es un favor que el Ejecutivo nos hace, es una obligación constitucional. Exigir que los documentos, actas y propuestas estén a disposición del escrutinio público es el único antídoto contra la asimetría histórica que siempre ha favorecido al Brasil.

Pero la transparencia no es el único fin, sino también es el medio para asegurar un objetivo innegociable dentro de estas negociaciones, el cual es garantizar que la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) sea la más beneficiada de lo que resulte de un eventual acuerdo bilateral

Durante décadas, la energía que produce Itaipú hidroeléctrica por la que nosotros, nuestros padres y abuelos, pagaron por su construcción subsidió el despegue industrial de nuestro vecino cediendo potencia a precios irrisorios. Esa etapa debe terminar. La negociación del Anexo C tiene que estar milimétricamente diseñada para otorgar a la ANDE mayores márgenes de maniobra, tanto técnicos como financieros. Pero así también, debe primar el principio de reciprocidad. Cuando Paraguay necesite energía, debería poder conseguirla a un precio irrisorio como lo consigue hoy el Brasil con los excedentes.

Los beneficios de una tarifa justa o de la libre disponibilidad para comercializar nuestro excedente a precio de mercado deben inyectarse directamente en la infraestructura eléctrica nacional. De nada nos sirve ufanarnos de ser copropietarios de la hidroeléctrica más eficiente del mundo si cada verano, en Asunción y en el interior, los transformadores colapsan y los ciudadanos deben soportar cortes de luz bajo temperaturas de 40 grados. Pero para que eso sea posible, la salud financiera de la ANDE debe mejorar. La empresa debe ser la prioridad de este y los sucesivos gobiernos.

La ANDE necesita recursos multimillonarios para modernizar sus líneas de transmisión, apostar por tecnología de distribución inteligente y garantizar los planes de nuevas fuentes de generación. Si el resultado del Anexo C no se refleja en un sistema eléctrico robusto y en tarifas competitivas para el paraguayo, entonces habremos perdido la batalla, sin importar cómo nos vendan el acuerdo en conferencias de prensa.

Brasil es un gigante que defiende sus intereses con una maquinaria diplomática implacable y con los números sobre la mesa. Paraguay no puede sentarse a esa mesa con timidez ni con agendas ocultas. En el vecino país, todos saben cuál es la estrategia. Sin embargo, de este lado solo sabemos que la firma del acuerdo parece depender del calendario electoral del Brasil.

Transparentar las negociaciones es, de hecho, debería ser la mejor estrategia del Gobierno. Al hacer públicas sus posturas y exigir lo justo para la ANDE, lograría que todo el país se una detrás de una sola bandera, como lo hizo detrás de la Albirroja. Es hora de abrir las ventanas de la diplomacia y dejar que entre la luz. Ya hemos estado a oscuras demasiado tiempo. Itaipú es de todos los paraguayos. Los dueños de la mitad de la hidroeléctrica necesitamos saber qué se está negociando. El Anexo C será clave para el futuro del país y urge se aceleren las negociaciones. Sin saber cuánto costará la energía de hidroeléctrica a futuro, el camino por atraer industrias seguirá siendo incierto. Es hora de prender la luz para que todos veamos qué sucede.

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