Durante la misa central del cuarto Domingo de Pascua en la Basílica Santuario Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé, monseñor Ricardo Valenzuela centró su homilía en los efectos del odio, el egoísmo y la pérdida de valores en la vida cotidiana al advertir que el deterioro social comienza cuando se normalizan el rencor, la mentira y la indiferencia.
“Al principio te halaga, pero luego te deja vacío por dentro”, afirmó al describir cómo operan los discursos que alimentan la violencia, división y resentimiento y que terminan arrastrando a muchas personas hacia decisiones marcadas por la ira, el rencor y la destrucción.
El obispo sostuvo que buena parte de los conflictos actuales nacen de la incapacidad de reconciliarse, del peso del pasado y de una sociedad atrapada entre el miedo, la desconfianza y el deseo de venganza.
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“El que sufrió algún daño quiere venganza porque tiene resentimiento, tiene odio, tiene rencor”, expresó. De acuerdo con su reflexión, esas conductas terminan reproduciendo más dolor en hogares, barrios y comunidades enteras.
Valenzuela pidió romper con esa lógica y apostar por el perdón, la reconciliación y el bien común como respuesta frente a un escenario marcado por la tensión permanente y el desgaste de los vínculos.
“Ahora puedes hacer el bien. Ahora puedes practicar la creatividad del amor”, sostuvo. El sacerdote insistió en que la salida no pasa por profundizar divisiones, sino por reconstruir confianza y convivencia.
Deterioro de la familia
También alertó sobre el deterioro del núcleo familiar, al que definió como uno de los espacios más golpeados por la intolerancia, la falta de diálogo y la pérdida de contención.
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“Donde hay amor hay también comprensión y perdón”, señaló, al pedir que la familia vuelva a ser un espacio de escucha, corrección y acompañamiento, especialmente en tiempos de crisis.
Rol del periodismo en la sociedad
En otro tramo de su mensaje, reivindicó el papel del periodismo como servicio público y remarcó que informar no solo implica comunicar hechos, sino también señalar aquello que afecta a la sociedad.
“Ser periodista implica ser la voz de alerta ante proyectos que inquietan el bienestar de la población”, afirmó, al sostener que el ejercicio periodístico exige verdad, ética y responsabilidad frente a la corrupción y las injusticias.
Finalmente, llamó a no ceder ante la mentira, el encierro y la indiferencia, y pidió recuperar la honestidad, la transparencia y el compromiso con los demás.
“A Dios le gusta la transparencia, la honestidad, la honradez”, concluyó.