CIUDAD DEL ESTE
Diez pacientes oncológicas de entre 33 y 54 años, que enfrentaron distintas etapas del cáncer de mama, participaron como modelos en un evento que demostró que, frente a esta enfermedad, no existe edad. Su testimonio de lucha y superación se convirtió en un ejemplo de empoderamiento y un mensaje de esperanza para otras.
La Asociación de Mujeres Emprendedoras del Alto Paraná (Amedap) organizó el té-desfile en el que las protagonistas fueron pacientes oncológicas que vencieron al cáncer de mama y hoy pueden afirmar que, con un tratamiento eficaz, es posible tener una nueva vida.
El evento fue benéfico y lo recaudado fue destinado a la Fundación Apostar por la Vida, reconocida organización del Alto Paraná que brinda asistencia a pacientes en tratamiento. Las prendas de alta costura fueron donadas por socias de la Amedap y luego subastadas a precios accesibles entre más de 270 mujeres que apoyaron la iniciativa, entre líderes de la comunidad, invitadas y socias de la organización.
Jacqueline Arévalos, de la Fundación Apostar por la Vida, destacó que el desfile mostró que el cáncer no tiene edad y que sí es posible curarse. “El empoderamiento femenino no se limita a las mujeres sanas, sino también a aquellas que atravesaron una cirugía, incluso una mutilación, como ellas mismas lo describen. Siguen siendo mujeres, siguen siendo madres y han florecido, a pesar de la enfermedad”, afirmó.
Aunque hoy están libres de cáncer, las participantes deben continuar con tratamientos posteriores que pueden extenderse de 5 a 10 años, dependiendo del tipo de cáncer que enfrentaron.
Las modelos que brillaron esa noche son Serafina Ayala, fisioterapeuta; Carolina Garcete, emprendedora; Primitiva Espínola, comerciante; Ramona Carrillo, ama de casa; Sonia Mendoza, funcionaria; Eva Espínola, emprendedora, y Nimia Giménez, enfermera.
También hicieron gala de su talento en pasarela Carla Duarte, propietaria de un taller; María Cristina Escobar, auxiliar contable, y Ana María Ozuna.
Las modelos son oriundas de diferentes ciudades del Alto Paraná y todas pasaron por cirugías, quimioterapias y tratamientos oncológicos. Además de las diez modelos, cerca de 40 pacientes participaron apoyando a sus compañeras.
FloreSer. La presidenta de Amedap, Liz Montiel, explicó que el nombre del desfile, FloreSer, nació de la idea de rescatar la esencia de la mujer en cualquier etapa de su vida.
“Buscamos mostrar a la sociedad que la mujer sigue siendo hermosa en todas las circunstancias, elevar su autoestima y recordarles que no están solas. Ellas fueron las protagonistas y el objetivo se cumplió a cabalidad porque fue un evento muy emocionante”, afirmó.
La actividad se complementó con una campaña previa de tres meses, que incluyó charlas sobre salud física, mental y emocional, así como una sesión fotográfica con las modelos, que en el día del desfile tuvieron un día de spa organizado por la organización.
TESTIMONIOS. “Fue una experiencia única, me sentí especial y valorada. Muchas veces sentimos que no nos tienen en cuenta, pero este evento nos hizo sentirnos halagadas. Después del tratamiento, tener una nueva vida y compartir así es muy esperanzador”, relató María Cristina Escobar, una de las modelos que desfilaron esa noche; al agregar que “la quimioterapia es muy difícil, los medicamentos oncológicos tienen efectos fuertes y aun así seguimos siendo esposas, madres y trabajadoras”.
Relató que en 2023 fue diagnosticada con cáncer de mama precoz. “Gracias a un golpe lo detecté a tiempo. El diagnóstico precoz me permitió tratarme y hoy estoy curada. Tuve acceso a medicamentos muy costosos mediante un amparo judicial; cada ampolla costaba 60 millones de guaraníes y necesité 18. Apostar por la Vida es una esperanza para miles de pacientes”, agregó. Ella hace voluntariado con la fundación, tras su paso por el tratamiento.
Nimia Giménez, enfermera y trabajadora de Apostar por la Vida, por su parte, señaló que fue una experiencia única.
“Me sentí agasajada e importante. Después de ocho meses de quimioterapia y una cirugía, este evento fue un regalo de Dios. Nunca pensé volver a compartir algo así. Tengo dos hijos, uno de 18 y otro de 5 años. Ellos fueron mi fortaleza durante todo el proceso. Hoy estoy curada y agradezco a Dios y a los profesionales que me atendieron”, sostuvo.
“Estoy viva para contarles a los demás y ayudarles a las personas que más necesitan. Como profesional uno cree que nunca le va a tocar vivir una enfermedad, y me tocó”, reflexionó la trabajadora de salud.