La compañía 3 de Mayo, en su barrio Potrero Mburica, se vistió de gala este viernes 20 de febrero, para homenajear a una de sus pobladoras más queridas.
Doña Pipina, nacida en 1926 en San Patricio, alcanzó la envidiable cifra de 100 años de vida, manteniendo una lucidez que asombra a propios y extraños.
La festividad, que ya es una tradición impulsada por los vecinos desde hace seis años, no fue solo un cumpleaños, sino un tributo a la solidaridad.
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Según relató Toribio Vera, poblador de la zona, la cumpleañera es recordada por su legendaria olla de hierro de 12 litros.
En sus años de juventud, Doña Pipina nunca permitía que un visitante se marchara con el estómago vacío: locro, poroto con carne y la infaltable chastaca con huevo y queso eran los manjares que compartía con cualquiera que llegara a su hogar.
Tras quedar viuda hace cuatro décadas de quien fue su esposo, Ismael Amarilla, Doña Pipina nunca estuvo sola. Aunque la vida no le dio hijos propios, el destino le otorgó 59 ahijados y una vecindad que la cuida como a una madre.
Actualmente, su día a día transcurre bajo el cuidado de su padrastro, Juan Gómez (de 83 años), quien, pese a ser menor que ella, la acompaña fielmente desde que se casó con la difunta madre de la agasajada, cuando él tenía apenas 30 años.
Durante el festejo, que incluyó una mesa cargada con bocaditos, gaseosas y seis tortas regaladas por los vecinos, la centenaria mujer se mostró agradecida.
Con una visión y audición admirables para su edad, Doña Pipina dedicó palabras de gratitud a Dios y a los presentes, quienes la rodean constantemente para asistirla en sus necesidades.
La historia de Bella Lina es un testimonio de que la generosidad en el campo paraguayo no se mide en bienes, sino en platos de comida compartidos y en el respeto de una comunidad que hoy le devuelve, con creces, todo el amor sembrado.