05 abr. 2026

Mi otra mamá

Cuando el trabajo de niñera se toma tan en serio que cuidar a un niño deja de ser una obligación para convertirse en una necesidad personal de brindar cariño, se generan historias como la de Anahí Brítez Rettori y su nana Isidora, quien desde hace 25 años es como su segunda madre.

cambi 1

Era una gordita de piel rosada y arrugada cuando aquella mujer llegó a la casa. Anahí apenas abría los ojos y a Isidora Román -quien entonces tenía 33 años- le encomendaron una importante y delicada misión: cuidar a esa bebé recién nacida mientras sus padres salían a trabajar.


Soltera y sin hijos, ella aceptó la responsabilidad, hechizada de entrada por la pequeña hija -la tercera- de Margarita Rettori y Eduardo Brítez.

La tez morena de Isidora, que hacía un vistoso contraste con la blanquísima piel de la niña, dio origen al apodo cariñoso con el que la bautizaron en la casa: Cambi.

Y aunque aquella desconocida no tenía ningún vínculo sanguíneo con la familia, poco a poco se fue convirtiendo en parte de ella, en especial para Anahí. El hecho de estar juntas gran parte del día las fue uniendo en un lazo que se hizo casi tan fuerte como las trenzas que la nana tejía en los cabellos de la pequeña.


Pasaron los días, los meses y los años, y Cambi se convirtió en testigo y partícipe de la mayoría de los momentos más importantes de la vida de esa niña; cuando ella dio sus primeros pasos, pronunció sus primeras frases o garabateó sus primeras letras. Pero también de los momentos
difíciles: caídas, miedos, frustraciones y dolores.

Siempre firme
Cuando Anahí empezaba a ponerse demasiado grande como para seguir con una niñera, llegó un hermanito, el argumento perfecto para extender por varios años más la presencia de Isidora en la casa. Y con Manu (Emmanuel Brítez) se repitió -o se amplió- la historia. “Él prácticamente nació conmigo. Y a los dos los adopté como mis hijos”, afirma esta señora alta y sólida como un roble. Ella, aunque no ha pasado por ningún embarazo, volcó todo su instinto materno en los chicos a quienes les tocó cuidar.


Un breve recorrido por las fotos del álbum familiar permite ver a esta nana siempre presente en los acontecimientos más relevantes, al lado de los padres biológicos: en cada festejo de cumpleaños, en los actos del colegio, en la primera comunión, en los 15 años de Anahí y hasta en su casamiento, el año pasado. Y las anécdotas sobran.

“Una vez tuve que ir a buscarle a la guardería porque se había metido debajo de la mesa a llorar. Tenía miedo del dibujo de Caperucita y no iba a dejar que nadie la quitara de ahí. Entonces me fui a rescatarle”, recuerda divertida Cambi, más de 20 años después.


“Ninguno de nuestros profesores nos podía retar, porque si nos llegaban a decir algo, Cambi se iba a reclamarles”, ríe Anahí, e Isidora lo
confirma: “Sí, me iba a la escuela y me peleaba con los maestros para defenderles. A mis hijos no les podían tocar”.


Y la joven sigue desovillando recuerdos: “Cuando teníamos que hacer las tareas del colegio y ella ya no nos podía ayudar, se iba a recorrer con nosotros la casa de los vecinos para ver quién podía apoyarnos con nuestra tarea”.

En los actos por el Día de la Madre, se emocionaba tanto como la progenitora, y se henchía de orgullo cuando algunos de los niños que ella cuidaba demostraba su gracia y su destreza artística en algún festival. “Creo que ella era la más orgullosa de nosotros”, comenta Anahí, y Cambi lo reconfirma asintiendo con la cabeza.


La hija adoptiva valora lo que aprendió de esta mujer que la cuidó y le dio su amor sin reservas: “Dentro de su humildad y sencillez, ella supo enseñarnos algunas de las lecciones más importantes de la vida, como el dar siempre las gracias y pedir por favor, pedir disculpas cuando nos equivocamos, comer con modales, respetar a los mayores y dar las gracias a Dios por todo lo que tenemos”.

311078_embed

Durante 25 años, Cambi, como la llama cariñosamente, estuvo presente en los momentos más importantes de la vida de Anahí, junto con su mamá Margarita, quien encontró en ella un valioso apoyo para el cuidado de sus hijos.

Vínculos indisolubles
Y cuando se hicieron grandes, Isidora no pudo dejar de cuidar a sus hijos. Hasta hace poco, cuando Anahí volvía de bailar, algún sábado a la madrugada, ahí estaba su nana, esperándola despierta. “No podía dormir mientras ella no volvía. Me preocupaba mucho, porque tantas cosas pasan en la calle...”, explica.


“En todas las anécdotas de mi infancia y mi juventud está Cambi. Junto con mi mamá y mi papá, ella nos educó, nos retó y nos malcrió también. Yo creo que son pocas las personas que tienen la suerte de tener dos mamás como yo”, asegura la joven, que hoy tiene 25 años.

Una vez que Manu creció, ya no hubo más excusas para seguir teniendo una niñera en la casa. Y entonces Isidora se fue a vivir con su hermana, en el barrio Trinidad. Pero los lazos nunca se cortaron. “Casi todos los domingos comíamos juntas, todos los cumpleaños los celebramos juntas, salimos a pasear juntas. Si yo me enfermo, ella es la primera que se instala a mi lado, y viceversa”, cuenta Anahí.

También compartieron momentos difíciles. “Cuando falleció mi abuelo, Cambi estuvo apoyándonos. Y cuando murieron su papá y sus hermanas, estuvimos nosotros acompañándola. Para nosotros, ella es y va a seguir siendo siempre nuestra familia”, confiesa.

Hace pocos meses, la joven se casó y llevó a su nana a vivir con ella. “Independientemente de que vivamos juntas o no, ella siempre va a seguir siendo mi otra mamá. El vínculo y el cariño van a seguir siempre”, asegura la chica, ya convertida en señora.


Para ella, “no hay amor más grande que el que te da alguien que te quiere incondicionalmente, sin obligación. Y con Cambi fue así, porque en realidad ella no tiene ninguna obligación con nosotros”.

Invirtiendo roles
Con tanto cariño de ambas partes, surge una pregunta: ¿alguna vez mamá Margarita sintió celos? “Mi mamá es una gran mujer, siempre trabajó mucho para darnos todo lo mejor y aun así nos brindó a todos nosotros, sus hijos, tiempo de calidad y mucho amor. Yo creo que las mamás que tienen que salir a trabajar sufren por tener que dejar a sus hijos al cuidado de otra persona, pero no tienen otra opción. Y mi madre tuvo la suerte de encontrar a alguien como Cambi para que la ayudara, porque gracias a eso se iba tranquila a trabajar. Ella siempre dijo: '¿Qué mejor que dejarle a tus hijos con alguien que les quiere tanto como vos?’”, explica Anahí.


Y resalta que “son pocas las personas que -como mi hermano y yo- cuentan con la suerte de tener dos mamás maravillosas”.

Ahora, Isidora sigue cuidando de su niña en su hogar de casada. Pero Anahí también tiene la oportunidad de devolverle, al menos en parte, los cuidados y el amor que su nana le brindó. “Yo siempre le digo a ella: ‘Vos me cuidaste toda mi niñez, ahora me toca a mí’. Nos reímos, porque cuando yo era chica, ella no me dejaba levantarme de la mesa si no tomaba al menos cinco cucharadas de sopa. Y ahora soy yo quien la obliga a comer las verduras, y si ella no quiere, le digo que no le voy a dejar ver su programa favorito”.


Cambi -que hoy tiene 58 años- sonríe, complacida de recibir tanto afecto. Y responde, resumiendo su historia y la de Anahí en una frase: “Me paga con la misma moneda”.

Texto: Silvana Molina
Fotos: Fernando Franceschelli.

Más contenido de esta sección
La Agencia Espacial Europea (ESA) y la Academia de Ciencias China enviarán el próximo 9 de abril al espacio la misión Smile que, cargada con cuatro instrumentos, examinará minuciosamente la respuesta de la Tierra a la interacción del viento solar y ahondará en el conocimiento de las tormentas geomagnéticas.
El Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) informó que en la tarde de este domingo se registra un movimiento vehicular intenso y fluido sobre la ruta PY02, en el marco del operativo retorno de Semana Santa.
El pésimo estado del camino terraplenado que conecta Puerto Pinasco (Departamento de Presidente Hayes) con Puerto Casado (Departamento de Alto Paraguay) genera preocupación entre pobladores, trabajadores y estudiantes de la zona.
Un choque entre dos camionetas dejó daños materiales sobre una calle terraplenada, a unos 2.000 metros de la ruta PY063, colonia Curupayty, distrito de Santa Rosa del Monday, Departamento de Alto Paraná.
El cardenal paraguayo Adalberto Martínez Flores, arzobispo de Asunción, lamentó este Domingo de Pascua los padecimientos a causa de tantos feminicidios, homicidios, guerras, violencia y de las lágrimas derramadas de madres y padres que lloran por sus hijos desorientados o víctimas de las drogas.