El cardenal Adalberto Martínez Flores en su homilía de la mañana de este Domingo de Pascua, en la misa central realizada en la Catedral Metropolitana de Asunción, recordó que Dios envió a su único hijo a este mundo para que el que todo que crea en él pueda encontrar la vida eterna.
Manifestó que la luz del mundo vino a traer la verdadera luz a nuestro mundo para que los pabilos (mecha de la vela) titilantes de nuestra fe puedan vigorizarse y crecer.
Al arzobispo de Asunción afirmó que la Pascua es el paso del Señor que asume todos nuestros dolores y los transforma en vida nueva en medio de las oscuridades en que vivimos de las dificultades, de los nudos, enredos, de nuestra historia.
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“De las lágrimas derramadas por la pérdida de seres queridos, en medio de las enfermedades, los padecimientos de tantos feminicidios, homicidios, madres y padres que lloran por sus hijos, extraviados, desorientados o víctimas de las drogas, familias coronadas con espinas de seres queridos desaparecidos, víctimas de injusticias, engañadas y estafadas de falsas esperanzas. De niños a quienes se les ha negado el derecho a nacer, vidas que quieren nacer y no los permitimos. Tienen derecho a nacer”, expresó.
Además, condenó las guerras, derrumbes y muertes, enfrentamientos, violencias y tráfico de personas que comercializan con la dignidad de las comunidades, mercadeando con la dignidad.
“También podemos hablar de la dignidad, no solo la persona, sino de la naturaleza humana, de la naturaleza y sus entornos para usurpar la tierra y simplemente después archivan sus delitos. Prescribiendo sus maledicencias, excusándose con sus negligencias, amedrentando y amenazando para abrirse caminos y lograr sus corruptos intereses”, agregó.
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Lamentó que haya familias enteras desplazadas, sin techo, sin trabajo y sin acceso a la salud. Manifestó que Jesús se hace sireneo con nosotros, cargando nuestros pesos y los pesos de nuestros pecados y también los pesos que llevamos. No necesariamente de los pesos de los pecados, sino también de las dificultades encontradas en la vida.
“Incluso cuando nuestra fe se convierte en pabilos titilantes de dudas e incertidumbres. No teman, nos dice el Señor, “Yo he resucitado, he vencido la muerte, he vencido tus miedos. Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Sé fuerte, sé valiente”, sostuvo.
Por último, pidió que el Señor nos conduzca siempre por caminos acertados, caminos rectos y que la Santísima Virgen María, está siempre también con nosotros, nos acompaña y nos sostiene en la fe, la esperanza y la caridad.