El doctor en Criminología Juan Martens nos explica la realidad que se vive en el sistema penitenciario, donde la corrupción enriquece a autoridades, políticos, pero a su vez permite cubrir ciertas necesidades de los internos, a los que el Estado les destina G. 6.000 para desayuno, almuerzo y cena, explicó.
–¿Qué piensa de aquella intervención de las juezas en el Penal de Emboscada?
–La crisis y la situación catastrófica de las cárceles en Paraguay es una responsabilidad también del Poder Judicial y, principalmente, de jueces de Garantías, jueces de Sentencias y, por sobre todo, de juezas de Ejecución.
Y es por varias razones, pero te doy una. Los jueces, al imponer la prisión preventiva, pareciera que dictan una medida en abstracto, cuando en realidad las cárceles son concretas, las cárceles tienen presencia de grupos criminales y ese abuso de la prisión repercute negativamente en la persona y fortalece a grupos criminales al darle personas que van a seguir colaborando con ellas.
Entonces, los jueces hoy pareciera que quieren ser juezas de Ejecución de Suiza, de países nórdicos y se olvidan que estamos viviendo en Paraguay, que nuestras cárceles son precarias, que nuestras cárceles son un escritorio del crimen organizado; entonces, disocian la realidad. Abusar de la prisión preventiva es uno de los principales problemas.
Por otro lado, está el usar los institutos del Código de Ejecución Penal en contra de los condenados. Hay juezas que se enorgullecen por negar institutos procesales, por negar salidas transitorias, por negar libertad condicional, porque exigen lo que dice la ley muchas veces, que no tiene nada que ver con las condiciones materiales de cumplimiento de la pena privativa de libertad.
Y el tercer punto es que no ejercen el control sobre los niveles del cumplimiento legal en las cárceles; y, por tanto, cada tanto hacen una intervención que no tiene la potencialidad de transformar la realidad del sistema penitenciario.
Necesitamos jueces y juezas de Ejecución comprometidos con el cumplimiento normativo, con el control de la cárcel y las condiciones de encierro.
–¿Puede subsistir la cárcel paraguaya sin corrupción?
–Mi respuesta es que no, porque incluso parte de lo que se recauda en la cárcel paraguaya se usa para mantener a la cárcel, porque el presupuesto que se da es un presupuesto mínimo. Cerca de G. 6.000 de comida para cada interno para desayuno, almuerzo y cena; es absolutamente insuficiente.
Entonces, tenemos una cárcel mercado, donde todo tiene precio, donde unos funcionarios se enriquecen, políticos se enriquecen, autoridades del Ministerio se enriquecen, pero al mismo tiempo, con ese dinero de la corrupción, con ese dinero del crimen organizado, también se mantienen ciertas necesidades dentro del sistema penitenciario.
–¿Los grupos criminales siguen dominando las prisiones paraguayas?
–Los grupos criminales cogobiernan espacios dentro del sistema penitenciario. Hay lugares en donde el poder está en manos del Clan Rotela, en manos del PCC, o de otros grupos más pequeños, o incluso de clanes, de caudillos internos.
Entonces, este cogobierno se sigue dando y es funcional a la cárcel-mercado, es funcional con la corrupción.
En la medida que nuestro sistema penitenciario necesita del dinero del crimen organizado, incluso para mantenerse, los grupos criminales van a gozar de buena salud en estos espacios territoriales.
Sin embargo, la llave de la cárcel sigue teniendo el Estado paraguayo. Al interior, sí, hay espacios cogobernados con personas privadas de libertad, algunas de ellas pertenecientes a grupos criminales.
–¿Cuál sería la solución?
–La solución es una cuestión estructural grande. Primero, hay que evitar que personas sean mandadas a la cárcel. Eso se evita con educación, con inclusión social, con un sistema de salud, de trabajo.
Antes que nada, para desarticular la cárcel hay que fortalecer a la sociedad y las políticas sociales.
El segundo elemento, ya más concreto, (es) no seguir mandando gente a la cárcel, hay que desagotar la cárcel, porque en la medida que hay mucha gente en la cárcel, vamos a tener corrupción, vamos a tener presencia del crimen organizado; entonces, los jueces y las juezas, por sobre todo, se tienen que dar cuenta de eso.
Cuando dictan 30 años, 15 años (de cárcel), ¿en qué es lo que piensan? Tienen que mandarle a la gente a un lugar inhumano, cruel. Eso es lo que tienen que pensar.
Esa cárcel que hoy tenemos no resocializa. Esa cárcel que hoy tenemos fortalece la identidad criminal, fortalece la carrera delictiva.
Entonces, esa también es la solución, evitar que se siga yendo mucha gente y reservar la cárcel para personas peligrosas, condenadas, para los que necesitan.
–¿Se sabe cuánto mueve el mercado negro dentro de las cárceles?
–La cárcel mercado genera y mueve mucho dinero, porque todos los servicios tienen precio; desde acceder a un teléfono, a televisión, a heladera a microondas, a cama, a un espacio, a agua, a tereré, a hielo, todo eso tiene precio.
Y al tener precio y al estar dentro del mercado, del negocio, hay gente que lucra.
Un tomate se consigue por G. 1.000 o G. 2.000, según en qué pabellón esté circulando esa mercancía.
Pero también se consigue pollo, también se consigue cocaína, crac, whisky, cerveza.
Una cárcel, según quién esté ocupando ese territorio, puede generar un pabellón G. 500 millones a G. 600 millones al mes y esto varía, porque depende de la capacidad contributiva de los que habitan estos espacios territoriales.
Lo cierto es que todo se paga y el que no, incluso su cuerpo pone al servicio para solventar y vivir ese sistema penitenciario.
–¿Se logra algún resultado con los traslados masivos de internos?
–Así como se están haciendo los traslados masivos, antes que ayudar empeoran. ¿Por qué? Porque reconfiguran el mercado, reconfiguran los precios, reconfiguran el negocio. Se paga para ir, para no ir, para estar en la lista, ese espacio que se deja vacío se vende, es ocupado por otra persona.
Los traslados sin una reconfiguración general de todo el sistema penitenciario no tiene ningún sentido y agrava el problema.
–¿El penal de máxima seguridad de Minga Guazú cumple con su función?
–El penal de máxima seguridad de Minga Guazú es muy probable que sea una de las causas de condena internacional al Estado paraguayo, porque viola estándares internacionales mínimos, no tiene condiciones de encierro, no tiene agua potable, no hay acceso a abogados, a familiares. No hay sistema de clasificación coherente, de peligrosidad.
Es decir, la cárcel de Minga Guazú es un lugar donde hay tratos crueles, inhumanos que configuran también tortura.