Por Elías Piris | Twitter: @eliaspiris
Su día comienza bien temprano. Antes del alba, don Máximo ya está en pie y saluda a las plantas de su jardín. Hace seis años que superó las ocho décadas pero a juzgar por su apariencia, tiene un poco más de 60 años. “La edad es una cuestión mental, todos los impedimentos están en la cabeza” nos dice al mostrar con indisimulado orgullo la obra pequeña en tamaño, pero gigante en esencia.“Ustedes son de Última Hora, ¿Verdad?, esperen les voy a mostrar algo”, dice y nos retiene un rato. “No es la primera vez que me hacen una entrevista para este medio”, aclara entre risas y muestra el recorte de una nota realizada por el periodista Antonio Pecci para el suplemento cultural Correo Semanal. El motivo: Su amistad con José Asunción Flores, el creador de la Guarania.
Solo eso nos bastó para caer en cuenta de que más allá de la historia de la rampa, este señor guarda en un cofre una infinidad de historias. A modo de resumen nos cuenta que estuvo muchos años exiliado en Argentina, que en Buenos Aires compartió noches de bohemia con Flores y otros intelectuales forzados al exilio, de sus años como metalúrgico y sindicalista, lo que le valió una tenaz persecución del régimen.
Pero el motivo de nuestra visita a su casa ubicada en el barrio Virgen de Fátima obedece a la realización de la rampa y preguntamos cómo se decidió a realizar tan noble acto.
"¿Sabes cómo empezó esto? Yo estaba barriendo como todos los días, temprano a las 06.00. Acá cerca hay una guardería de menonitas, donde van los hijos de las empleadas domésticas. Una señora que va ahí tiene un chico con discapacidad y vi como tenía que andar en el medio del tráfico caótico por no poder subir a la vereda, siempre me sentí impotente por ese caso, hasta que conocí la iniciativa de la Fundación Saraki a través de la televisión, me pregunté ¿Y por qué no hago mi parte? Entonces agarré pala y cortafierros y comencé la construcción de la rampa. Trabajo arduamente por la mañana tempano, antes de que el sol sea fuerte, en una de esas viene un muchacho de la fundación y me toma la foto que se difundió por todas partes. Me preguntó qué edad tenía y no pudo creer cuando le respondí que 86. Cuando puso en las redes vino todo el mundo y yo les dije “no era para tanto”, no esperaba que tenga una trascendencia así, pero es bueno que la gente sepa así cambiamos esta realidad”.
_ La gente se pregunta cuánto gastaste...
“Solo gasté G. 150.000, fijate que no es una inversión grande. Hice solo todo esto, no recibí la ayuda de nadie. Lo primero que hice fue medir el tamaño de una silla de ruedas para que pueda pasar ahí, van a entrar perfectamente todos, voy a hacer unas hendiduras para que no se resbalen. Rompí la vereda con cortafierros, martillo y punzón, era durísima.”
_ ¿Cómo llegas a esta edad tan vital, tan activo? Contanos tu secreto, ¿alimentación, ejercicios?
“Dios...” (Hace una breve pausa, su mirada se pierde un rato y después retoma el hilo)
“Y aparte del todopoderoso, dos cosas me sacaron del pozo: Los libros y el trabajo...”
_ ¿A qué te dedicas?
“Estoy jubilado hace 25 años. Me dedico netamente a la jardinería. También activo en la comisión vecinal de barrio Fátima”.
_ Bueno, entonces... ¿A qué te dedicabas?
“Era jefe en Diesa, de la parte de metalurgia. Soy metalúrgico. También hice trabajos de herrería. Además soy técnico en aire comprimido. También formé parte de los sindicatos que se oponían a la dictadura, me metieron muchas veces preso y me tuve que exiliar en Argentina. No me torturaron, me salvé de carambola. Estuve once años en Buenos Aires, ahí conocí a José Asunción Flores”.
_ ¿Por qué pensás que en este país se discrimina tanto a las personas con discapacidad?
“La discriminación hacia los discapacitados se debe en gran parte a la dictadura stronista. La dictadura nos mató culturalmente. Nos sacó la sensibilidad hacia nuestro prójimo. Todo era motivo para reprimir: si uno era homosexual, si tenía el pelo largo, si tenías barba, la discriminación validó históricamente la represión en este país. Se creó una conciencia de odio que va a ser muy difícil erradicar”.
_ ¿Cómo ves el Paraguay actual?
“Le veo mal, en manos de mafiosos. El Gobierno no tiene un plan a corto, mediano y largo plazo. La falta de rampas y transporte público para discapacitados es el reflejo de la reinante falta de planificación”.
_ A tu parecer... ¿Qué futuro nos espera?
“Tengo esperanzas en los jóvenes, pero tienen que ocupar espacios de poder y toma de decisiones para cambiar el país. Si no se involucran, difícilmente surjan líderes. También se debe invertir en educación. Soy partidario de la apertura de escuelas vocacionales para la formación de técnicos de mandos medios. Debería pelearse por una verdadera reforma agraria. Mientras pensar en tierra sea una ofensa y pedir un delito, no sé qué futuro le espera al campesinado”.
El apremio de una atareada jornada de trabajo nos fuerza sin querer a terminar la entrevista con don Máximo. Prometemos volver porque necesitamos seguir escuchando a personas tan lúcidas como él. Necesitamos seguir escuchando a un hombre que vivió tanto y todavía tiene tantas cosas que contar.