Desde hace unas semanas el indignado tekoreicismo ha encontrado otro epicentro para descargar su insulsa e inservible rabia: Los therians.
Los que se creen con ínfulas de enderezar el mundo sin que nadie les pida, han descargado su bilis hacia estos grupos de cuya existencia nos enteramos por su viralización.
Pero antes de continuar, primero aclaremos ¿Mba’e piko therian? Según la definición, es una comunidad compuesta por personas que se identifican, en un plano psicológico, lúdico o espiritual, con un animal no humano.
Estas personas, muchos adolescentes por lo que pudo verse en fotos, usan máscaras compradas de perros, gatos y otros animales que ellos mismos han comprado o la fabricaron. Por el disfraz, para ellos la vida es un carnaval.
Particularmente no veo problema alguno en lo que hacen y mucho menos que eso cause molestia. Tampoco que justifique insultos y amenazas de agresión.
Cada uno hace de su vida lo que quiere, toda vez que no dañe a otro. Nadie tiene por qué querer venir a intentar cambiar esa decisión. Menos aún si le votaste a cualquier kelembu para un cargo público.
Lo de los therians no es algo nuevo, si vamos al caso. Hace tiempo están presente en nuestras vidas diarias y no sé por qué ahora tiene que haber tanto escándalo. Solo resta hacer un poco de memoria.
¿Cuántas veces usted, lector o lectora, tuvo que volar de un lugar porque justo aparecía su respectivo cobrador, al cual llamaba mbói?
¿Lo llamaba así por su capacidad sigilosa para llegar a su hogar o por que destilaba veneno hablando con sus vecinos de su morosidad?
El camello akãnundu es una institución en varias rondas de tragos. Dícese del sujeto que luego de tomar el vaso no lo devuelve hasta dejarlo vacío, generando así la indignación y la rabia de los integrantes del momento de ocio libador.
Los perros. Término acuñado a nivel local para describir a un colectivo específico asociado a un momento o idea en particular. Como dato histórico podemos recordar al LP Música para los perros, primer disco de rock paraguayo.
Siguiendo los therian teete, no sé si sigue siendo habitual entrar al estadio o alguna otra cancha donde se juega un partido importante en modo ka’ihápe.
A los teens therians les cuento que esta práctica tradicional consistía en trepar la muralla, portón o incluso lumínica con el fin de ingresar gratis al recinto deportivo.
Hablando de trepar, hasta ahora es común otra práctica a lo largo y ancho de la república, que tiene mucho que ver con un animal. Es realizada en horas de la noche, la mayoría de las veces.
Si señor, no mire para otro lado. Si, me estoy refiriendo a sus visitas en modo yacaré que de seguro aún recuerda y quién sabe, capaz hasta la sigue realizando.
“Una mañana de Jueves Santo, luego de un sueño sin resaca, Gregorio Samsa despertó convertido en un insaciable tuku karu”.
Este fragmento podría describir lo que ocurrirá dentro de aproximadamente un mes cuando el tsunami de viajeros vaya al campo para “visitar” a sus parientes.
Hablando de parientes, no olvidemos a aquellos vivarachos que recurren a la metamorfosis para intentar quedarse con el terreno o lo mejor de una herencia.
¿Y qué podemos decir, nuevamente hablando de los jaguas, de aquellos que cumplen esta función a modo de delatores en algunos lugares? Justamente esta capacidad, obviamente despreciable, está asociada al tî ro’ysã, emulando así el aparato olfativo del noble can.
No me referiré en esta ocasión a los burros, ya que estos nobles animales que soportan cargas no deben ser asociados a infames.
Ojalá que alguna vez la indignación selectiva pueda apuntar hacia los manguruyuses que cada día nos despluman antes que hacia adolecentes. Sería más productivo. Ani pe ñembo oso hína.