“Lo que estamos viendo es un sinceramiento de la necesidad de ajustes. No es solo que en estos primeros meses del año recaudamos menos por efecto del dólar y la menor transferencia de las binacionales; es que no redujimos los gastos. En febrero, el informe de Situación Financiera del MEF indica que los ingresos cayeron 5%, pero los gastos aumentaron 11%”, sostuvo el economista Jorge Garicoche, como una introducción para entender el panorama del Fisco.
“Si salarios, jubilaciones, medicamentos, subsidios al transporte, programa Hambre Cero, adultos mayores y deuda pública no podemos ajustar –esto dicho por el propio ministro del MEF–, ¿podemos hacer algo? Creo firmemente que sí”, afirmó.
En ese sentido, propone una serie de recortes, “no porque sean superfluos, sino ante la extrema necesidad”. Entre ellos menciona no cubrir más de 5.000 cargos en seguridad, reducir en 50% las remuneraciones adicionales y extraordinarias, recortar en al menos 30% los bienes de consumo, disminuir en 30% los viáticos y bajar en 20% los alquileres, promoviendo el uso de oficinas públicas vacías. De acuerdo con su estimación, estas medidas podrían generar un ahorro cercano a USD 350 millones.
“Estoy seguro de que se pueden ajustar muchas cosas más. Unas finanzas públicas con un objetivo claro de consolidación fiscal pueden comenzar a honrar sus atrasos a proveedores, generar ahorros suficientes y llegar al tope fiscal propuesto con transparencia y veracidad, pero esto requiere disciplina y determinación”, planteó.
Tendencia. El profesional advierte que esta dinámica de mayor gasto no es coyuntural, sino que responde a una tendencia previa que ya venía presionando el espacio fiscal. “Hagamos un ejercicio respecto de lo que fue 2025. Cuando el año comenzó, la proyección de crecimiento económico era del 3,8%. La meta de déficit fiscal: 1,9% del PIB, unos USD 870 millones. Parecía un objetivo alcanzable. Pero ocurrió algo, la economía creció al 6%, mucho más de lo proyectado. Ese crecimiento extraordinario generó aproximadamente USD 475 millones adicionales en recaudación tributaria y, aun así, el déficit terminó alrededor de USD 1.000 millones. La pregunta incómoda es: si entraron USD 475 millones más de lo previsto, ¿por qué el déficit fue mayor al esperado?”, comentó.
La respuesta, según el economista, es compleja. Por un lado, aunque los ingresos ejecutados superaron a los de 2024, en 2025 estuvieron muy por debajo de lo presupuestado, especialmente en lo relativo a ventas y cesión de energía de Itaipú, con una caída cercana a USD 1.200 millones. Por otro lado, si bien el gasto fue ligeramente menor que el año anterior, no alcanzó para compensar la reducción de los ingresos totales respecto a lo previsto.
A esto se suman los atrasos en pagos a proveedores del Estado, que de haberse concretado habrían profundizado aún más el déficit. “Las otras preguntas incómodas son: ¿Fue intencional? ¿No se vio venir la caída de ingresos?”, se preguntó.
Dijo que en un escenario distinto, ya en 2026, donde las recaudaciones son más bajas de lo estimado, las presiones de cobro por parte de proveedores van en aumento, persiste la necesidad de cumplir con los gastos rígidos y la propuesta de ajuste a la Caja Fiscal que fue derrotada –por ende, el aporte del fisco seguirá siendo importante para calzarla–, nos encontramos ante la extrema necesidad de ajustar el cinturón de las finanzas públicas.