Opinión

¿La vida o la economía, callejón sin salida?

Luis Carlos Irala

La cuarentena establecida por el Gobierno a fin de frenar la expansión del coronavirus en el país está tocando el bolsillo de mucha gente y hay sectores que ya están pidiendo el reinicio de algunas actividades productivas con el propósito de generar ingresos y así cumplir con los compromisos asumidos. De lo contrario, vaticinan una fuerte caída de la actividad económica para los próximos meses e incluso podría extenderse hasta finales del 2020.

Este fue al perecer la postura que llevaron al presidente Mario Abdo Benítez algunos ministros con el propósito de flexibilizar las restricciones previstas en la cuarentena.

Sin embargo, la ciudadanía y los principales referentes de opinión rápidamente dieron a conocer su rechazo a un eventual levantamiento de la cuarentena y el Gobierno tuvo que rever su postura inicial y mantener las medidas sanitarias preventivas.

La presión hacia el Gobierno para permitir una mayor actividad económica se origina en los gremios empresariales que, en cierta manera, marcan pautas en la conducción económica, pero también esta presión tiene su base en los pequeños actores de la economía, incluidos los sectores informales. Este último grupo fue el primero en sentir los efectos de la cuarentena, pues son los trabajadores que obtienen el dinero necesario para cubrir sus necesidades mediante las actividades diarias. Un día que no trabajan, puede significar una día sin comer, pues no disponen de ahorro alguno para hacer frente a este tipo de situaciones.

Algunos economistas ya advierten que las consecuencias de la pandemia del coronavirus, tanto a nivel local como a nivel mundial, son todavía impredecibles.

Lo más prudente es esperar a ver cómo se desarrolla la enfermedad a nivel local, que felizmente hasta ahora está bastante bien controlada y se están tomando todas las medidas para mantenerla bien acotada.

Por de pronto, la cuarentena total será hasta el domingo 12 de abril, día en que se celebra la Resurrección de Jesucristo. En el mejor de los casos, y que todos anhelamos, a partir del lunes de 13 de abril se podrá levantar paulatinamente la cuarentena y se reanudarán cuidadosamente las actividades económicas en algunos sectores.

Comprendo la premura de los empresarios de reabrir sus negocios, pues los compromisos financieros son apremiantes, pero si se descuida la salud de los trabajadores, de la fuerza productiva, se pone en riego el capital humano de las empresas, capital que ya no se recupera. Sin embargo, los recursos dinerarios se pueden reponer y para ello el Gobierno está facilitando varias opciones y se espera que esta semana se anuncien nuevas medidas para evitar la asfixia financiera de las empresas.

Desde ningún punto de vista se puede exponer la vida de los trabajadores, sean formales o informarles, para salvar las finanzas de las empresas. Hay prioridades que se deben respetar, más aún en una situación muy especial que afecta a la economía mundial.

Lo que el Gobierno busca con las medidas impuestas en la cuarentena es precisamente evitar un desastre sanitario con costos irreparables en vidas humanas y en la economía.

Es cierto, parece que estamos atrapados en un callejón sin salida. Esto me recuerda la historia bíblica cuando el pueblo de Israel, camino a la tierra prometida, llega hasta el mar Rojo y no puede avanzar; atrás, ya estaba el ejercito del Faraón egipcio dispuesto a matarlos a todos. El pueblo entró en desesperación. No había forma de escapar del desastre. En eso surge la figura de un líder, Moisés, quien buscó en Dios una solución ante un problema sin precedentes que ellos no podían resolver por sí mismos.

Este es el momento en que el país necesita líderes con capacidad de ver soluciones más allá de los humanamente posible. Buscando una solución en Dios mismo, el dueño del oro y la plata. Con todo respeto, animo a los empresarios a que lideren esta búsqueda de solución respaldados por el Altísimo.

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