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La vacuna y el desafío de frenar la epidemia de los privilegios

 

La pandemia del coronavirus Covid-19 no solamente sigue generando crisis económica y social en el mundo, sino tormentas políticas que provocan despidos y renuncias de altos funcionarios.

La primera gran ola de indignación ciudadana en medio de la lucha sanitaria fue la corrupción. Un fenómeno que afectó a varios países que aprovecharon los recursos para hacerse ricos a costa de la salud del pueblo. Aquí el escándalo de los “insumos chinos” desnudó la perversa alianza entre empresarios, políticos y burócratas. El ministro de Salud, Julio Mazzoleni, y su equipo lograron capear la tormenta, pero quedaron muy averiados por la pérdida de credibilidad. La segunda ola es la vacuna y sus implicancias, que van desde la crisis planetaria de la distribución por las demoras y la equidad en la inoculación a la población. Esta será aún más fuerte porque a estas alturas ya no hay margen de error por la irritación ciudadana.

El 2020 de la pandemia mundial cerró con la esperanza de las vacunas. Allí empezó la carrera por la provisión y ganaron los países más ricos que han acaparado la producción, generando una desigualdad inmoral en el mundo. Hay tensión por las demoras en la entrega, lo que también escaló en choques de los países con los desarrolladores porque no reciben las dosis acordadas, a pesar de la fuerte apuesta económica que hicieron. Hace poco, la Unión Europea acusó a las industrias de prometer más de lo que pueden dar e incluso sospechan que están vendiendo a terceros países.

Paraguay es un mercado inexistente en esta guerra de tiburones. Por ello está en el mecanismo Covax, una plataforma de colaboración mundial para tener acceso rápido, justo y equitativo a las vacunas contra el Covid-19. A través de esta vía, Mazzoleni anunció que unas 300.000 dosis llegarán al país en esta segunda quincena de febrero, y luego el restante del total de más de 4,7 millones, además de las compras directas.

DOSIS RUSA. La fuerte presión por la excesiva demora obligó al Gobierno a despabilarse y lograr un contacto directo entre el presidente Mario Abdo Benítez y el presidente ruso, Vladimir Putin, el pasado martes. El jueves arribó al país el primer adelanto de 4.000 dosis de la Sputnik, que apenas alcanza para los terapistas, quienes están en primera fila de la lucha contra la pandemia. Finalmente, Marito entendió que la disputa por las vacunas no es una gestión meramente sanitaria y comercial, sino esencialmente política. Ayer, el ministro Euclides Acevedo señaló en Telefuturo que la Cancillería inició contactos con Brasil, Chile y Uruguay, además de Rusia. Admitió que aún no logran contactar con el presidente Joe Biden, de EEUU. Adelantó buenas noticias sobre la provisión de más vacunas de un país sudamericano. “Yo me voy a ir a buscar la vacuna, hasta ahí te puedo decir”, dijo misterioso, pero optimista.

EL PELIGRO. Las 4.000 dosis destinadas exclusivamente a los terapistas no aplacaron la ansiedad de la población. Incluso fue tema de críticas por la exigua cantidad y la falta de certezas sobre la llegada de otros envíos. Pero hay otro asunto que podría desatar un escándalo de magnitudes: La altísima probabilidad de que los privilegiados de siempre tengan un trato especial a la hora de la vacunación, dejando en segundo plano a la población. Por ello, Mazzoleni no debe descartar alguna operación para tumbarlo. La foto de un político vacunándose fuera de fecha será su fin.

Sucedió en España, donde saltaron la fila políticos, militares, sindicalistas y hasta obispos. En Perú, hubo tormenta política por la vacunación irregular del ex presidente Vizcarra, la ministra de Salud, la canciller y otros que se vieron obligados a abandonar sus cargos. El viernes, un hecho similar tumbaba al ministro de Salud de la Argentina, donde se reveló un vacunatorio vip donde desfilaron miembros del Gobierno y amigos del poder.

¿Por qué no ocurriría lo mismo en Paraguay, el país de la corrupción y la impunidad? Donde cada director de hospital es digitado por el seccionalero, el diputado o el gobernador. ¿Ustedes creen que no se aprovecharán de su posición de poder para vacunarse él y toda su familia mucho antes que la población de riesgo? ¿Acaso les importó alguna vez la vida del resto de la población? Porque no tienen moral, les resbala la crítica y se burlan de la indignación ciudadana.

El escándalo del vecino país obligó a Mazzoleni a dar un paso hacia la transparencia anunciando que la lista de las personas vacunadas será publicada, por considerarse un asunto de interés público. Sin embargo, el comunicado tiene una cláusula de confidencialidad que permite oponerse a la publicación. Un punto innecesario que solo despertará sospechas, teniendo en cuenta que las vacunas son en este momento un bien muy valioso. El Ministerio de Salud, que ha perdido confianza ciudadana, debe evitar cualquier duda sobre la distribución equitativa de las vacunas, respetando la lista según las fases dispuestas. Para ello, solo le queda el camino de la transparencia absoluta, sin excepciones. A diferencia de enfermedades estigmatizantes donde la confidencialidad es un imperativo, hoy la persona vacunada contra el Covid es bienvenida y celebrada. Basta con mirar las redes sociales, donde se muestra con orgullo el momento de la inoculación.

Después de los escándalos de corrupción, y cuando lleguen las anheladas dosis, el desafío de Mazzoleni será combatir la epidemia de los privilegios.

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