Edición Impresa

La simple metáfora de estos tiempos

El domingo, cerca del mediodía, el presidente Mario Abdo Benítez recibió la boca de urna que vaticinaba la peor noticia para el oficialismo. Le puso de mal humor, pero fiel a su estilo, no mostró mucho. La amarga noticia se oficializó apenas cerraron los locales de votación. El independiente Miguel Prieto, con el apoyo de PPQ, Payo Cubas, un sector del Frente Guasu (que no incluye a Lugo ni a Sixto Pereira), no solo daba una paliza a los colorados, sino también castigaba a los liberales.

Mario Abdo necesitaba ganar Ciudad del Este para cerrar el círculo de su lucha cuasipersonal contra el clan Zacarías Irún. Además de ser un emblema de su bandera anticorrupción, quería sacarse una espina: No olvida que en Alto Paraná, la ANR arrasó excepto en la lista presidencial. Y eso en política se llama traición. La caída y el procesamiento del clan político tienen al presidente como un operador principal. Para ello eligió a la Dra. Carolina Llanes como interventora, cuyo quirúrgico e irrefutable informe detalló la trama escandalosa del desvío de los fondos en la Municipalidad.

El movimiento Añetete tenía altas posibilidades de ganar, pero no entendió que la disputa no se reducía a la tradicional guerra de colorados vs. liberales. Era una batalla ética. La indignación ciudadana estaba a flor de piel. El oficialismo no solo eligió mal al candidato. Wilberto Cabañas formaba parte del esquema que se quería combatir, no representaba el cambio radical, ni siquiera supo articular un discurso acorde con los tiempos y necesidades del Municipio, cuya elección tuvo ribetes épicos y trascendencia nacional.

Otro error ya en el terreno táctico fue la campaña en clave seccionalera capitaneada por el vicepresidente Hugo Velázquez y el director de Itaipú, José Alberto Alderete. Apegados a su naturaleza, creyeron que con la tradición y la estructura (que siempre es abuso de poder), iban a ganar. “La unidad”, proclamaban, y el candidato se abrazaba con operadores del clan ZI, Kelembu y otros impresentables, mientras espantaba votos propios.

“Ciudad del Este hace tiempo viene pidiendo un cambio y el proyecto colorado no pudo sostener esa esperanza de cambio”, dijo en un análisis realista y atinado el presidente, mientras sus generales de campaña argumentaban exóticas justificaciones buscando aliviar responsabilidades.

ENTENDER LO QUE PASA. El fuerte ventarrón que sopló en el Este no es solamente una anécdota electoral, sino la metáfora de estos tiempos. Sin caer en las exitistas visiones que hablan de terceras vías y la extinción de los partidos tradicionales como eufórico pronóstico para el 2023, los resultados traen consigo un poderoso mensaje.

La ciudadanía, la que tiene esperanza, la que está harta, la que vota por venganza, está dando señales. Por ello, es casi infantil el error del oficialismo. Marito personalmente se encargó de quebrar al clan ZI, de abrir una grieta en esa asfixiante comarca de la corrupción y la co-optación institucional, pero otro le arrebató el trofeo porque la dirigencia tradicional no supo leer o no quiso entender los nuevos tiempos, quizá por los sacrificios que ello conlleva.

Pero esa ceguera, esa incapacidad que les impide ver y sentir las ansias ciudadanas afecta a colorados y opositores. El caso del senador Víctor Bogado volvió a poner sobre el tapete la vergonzosa protección política. A pesar de la condena por cobro indebido de honorarios en el caso niñera de oro, en el Senado no había clima para la pérdida de investidura. Los votos no alcanzaban. Recién el miércoles, Añetete le bajó el pulgar sumando la fuerza de los partidos menores y el efrainismo liberal. Mañana se concreta su expulsión aún con el titubeo de llanistas y cartistas.

Como si fuera poco y en abierto desafío a la ciudadanía, el Senado, con votos colorados, liberales y luguistas, aprobó una ley de autoblindaje elevando la cantidad de votos requeridos para la pérdida de investidura, en contravención a la mayoría simple que estipula la Constitución. No aprenden más. Y luego se preguntan por qué surgen fenómenos como Payo Cubas. O por qué Prieto ganó en el Este.

Para finalizar la semana, casi como una poética tragedia, la furia de la naturaleza que inundó casi todo el país y se ensañó con la capital, interpela de manera brutal las décadas de desidia, imprevisión y corrupción de los gobernantes nacionales, regionales y locales, quienes sin la mínima visión y tozuda mediocridad siguen recurriendo a los analgésicos para resolver una crisis que requiere dramáticas amputaciones.

Dejá tu comentario