07 abr. 2026

La sexualidad en dos caras

Carolina cuenca

Que es una dimensión de entre varias de la persona y que debe desarrollarse en armonía con esas otras dimensiones: biológica, cognitiva, afectiva, social, espiritual.

Que se da en base a datos de la naturaleza.

Que es una autoconstrucción que se desliga de los datos biológicos. Que cada uno se autodefine en ese sentido y punto.

Que se complementan varón y mujer en su vivencia.

Que se vive en relaciones asimétricas y estereotipadas como una injusticia hacia las mujeres por el “factor” maternidad.

Que corresponde a los padres en primer lugar dar educación al respecto. Que ellos también requieren ser educados antes.

Que no son los padres, sino el Estado y sus expertos los que deben dar prioridad a su regulación. Que es un nuevo elemento de consideración política, de “orden público”, y que incluso debe ser regulada por leyes.

Que es esencial en la constitución humana y, por tanto, expresión de la esencia masculina y femenina en el hombre.

Que es un factor meramente psicofísico y, por lo tanto, vincula más al hombre a la zoología que a sus facultades espirituales: inteligencia y voluntad...

“Unos dicen que aquí y otros dicen allá, yo solo quiero decir, yo solo quiero cantar...”, como expresa la canción del cubano Silvio Rodríguez...

El punto es que el famoso debate social al respecto no existe o es superfluo. Pero los planes educativos y los proyectos de leyes acerca de la misma sí se multiplican y no faltan ideologías que se arrogan una superioridad en cuanto a cómo debe ser tratada en la nueva era.

Es evidente que si para algunos políticos paraguayos no es parte de la agenda, para los poderosos que influyen en el mundo globalizado, sí lo es. Y queramos o no, los padres de familia debemos considerar cómo encarar la educación al respecto y hasta dónde estamos dispuestos a ser ignorados en las discusiones al respecto, ya que lo que se decida en cuanto a la antropología, a la visión de humanidad, que subyacerá en la educación sexual, afectará directamente al karaku de nuestras relaciones familiares y sociales.

No nos desentendamos, es hora de tomar postura.

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