La congregación betharramita ya había abierto sus puertas en Buenos Aires, en 1868, del que saldrán entre otros alumnos muy calificados, el Dr. Hipólito Irigoyen, presidente de la Argentina, en dos ocasiones, y muy amigo del Paraguay. También egresó de allí, el cardenal Santiago Coppello, primer cardenal argentino, quien estuvo en nuestro país, en 1937, presidiendo el Primer Congreso Eucarístico Nacional, y ser el primer cardenal que pisaba nuestras tierras.
En 1868, se abre el colegio, también en Montevideo, colegio más conocido como “Vascos”, por la gran cantidad de vascos franceses, que llegaban de esa zona de Francia y España, ese año, al ser internado el Gral. Venancio Flores, que fuera inquieto presidente de la República Oriental del Uruguay, fue un sacerdote de dicha congregación quien impartió los santos óleos al militar asesinado.
Como ya se mencionó, fueron casi todos vascos franceses, los que llegaron a nuestro país, a establecerse en Asunción, en la quinta González Peña, que fue adquirida de los deudos del ex presidente Juan B. González y la educadora Rosa Peña. Sin embargo, la hermosa casa que realzaba esa propiedad, siguió siendo usufructuada o alquilada por los citados herederos; tal es así, que allí funcionó durante varios años, la Legación Argentina, por lo que al ser derrocado el presidente paraguayo Gral. y Dr. Benigno Ferreira, este se asiló en dicha representación.
Entre los sacerdotes llegados en una segunda etapa, se hallaba el padre Marcelino Noutz, también vasco, que había servido en la Primera Guerra Mundial, pues la ley Combe, de 1901, obligaba aún a los sacerdotes a prestar servicio militar.
El padre Noutz, culto y escritor, le dio mucho brío a la Academia Literaria del Colegio (1920-1940) y en ella conservan la hermosa música de la Madelón, canto de guerra de las tropas francesas, en aquella contienda, con una letra algo subida de tono.
El padre Noutz se dedicó a componer, con una letra nacional paraguaya, a ese canto de guerra, y así surge su obra musical el Himno a la Raza, más conocida como Patria querida .
Este himno fue dedicado al recién electo presidente de la República, Dr. Eligio Ayala: (15 agosto 1924), y cantado por primera vez el sábado 11 de octubre de dicho año, en el Parque Caballero, en acto musical-gimnástico, entonado por los alumnos del colegio. Era la víspera del feriado del 12 de octubre, o Día de la Raza de entonces.
Al mismo tiempo se cantó el Himno a la Bandera, dedicado este al Dr. Luis A. Riart, ministro de Guerra y Marina.
Acompaña a este texto, la copia del programa del acto mencionado, que tiene el valor de mencionarse que ese 11 de octubre de 1924, se cantó por primera vez el Himno de la Raza, o Patria Querida .
Se ha querido decir que el estreno fue en 1923, pero no es así. La música la adoptó el Colegio San José de inmediato, y desde 1943, el Centro de Instrucción Militar y Formación de Oficiales de Reserva (Cimefor), y ser música de batalla de los estudiantes, durante el gobierno del duro orden del general Alfredo Stroessner (1954-89), y ser tras aquella última fecha, el himno, que por el significado de sus letras y su contenido musical, se entona en toda concentración popular.
El padre Noutz siguió trabajando en la institución educativa y en su academia literaria. Su amistad con ese alumno de la institución, director de la Escuela Militar, permitiera que en una época de ataques a centros religiosos, el colegio tuviera protección de cadetes y armas.
En 1936, durante el gobierno del coronel Rafael Franco, el padre Noutz fue expulsado del país acusado de dar refugio en el colegio al coronel Arturo Bray.
Volvió al país en 1938, y se ocupó de nuevo de su Academia Literaria. Hasta que en 1941, lo reemplaza el sacerdote español (no vasco), César Alonso de las Heras, llegado el año anterior.
El padre Marcelino Noutz se encargó de la biblioteca del Colegio San José, y controlaba nuestro ingreso a la institución, hasta que falleció en 1963.
Una calle de Asunción lo recuerda, así como también una hermosa música de Pilo Lloret.