La primera edición, celebrada en el Hotel Villa María de San Bernardino el pasado 6 de febrero, ha sido integrada por diez artistas destacados de nuestra escena como Víctor Beckelmann, Gustavo Benítez, Mónica González, Jorge Enciso, Francene Keery, Alejandra Mastro, Juan Franco Maida, Javier Medina Verdolini, Uchi Pusineri, junto a la creadora alemana Johanna Reich.
Curada por quien escribe esta reseña, la muestra destaca obras que experimentan materialidades de origen natural como la cerámica, las fibras vegetales y el papel, al tiempo que otras expresiones como la fotografía, la pintura o el videoarte representan imaginarios del entorno. O bien se vinculan al paisaje y elementos de la cuenca.
La inauguración del ciclo tuvo inicio con la muestra Cuencas húmedas #1 / Arte y Naturaleza en San Bernardino, parte de un circuito de activación visual y ambiental, concentrado en valorar el ecosistema particular y frágil de este territorio que abarca más de 1.000 kilómetros cuadrados y comprende 21 municipios.
Las imágenes que inundan Cuencas húmedas buscan construir una gramática lingüística natural, inscribiendo metáforas visuales originales y de reciente creación. La potencia de estas imágenes, ocultas a simple vista, hace emerger paisajes y sus elementos para dibujar perfiles actualizadores, ya sean poéticos o críticos.
Con un lote de obras inspiradas en procesos y materiales naturales, medios audiovisuales y otras que apelan a formatos inmateriales y efímeros, Cuencas húmedas se propone brindar frescura y nuevos contenidos ante la problemática que soporta este privilegiado espacio natural.
Visiones del paisaje húmedo
Cuencas húmedas es el relato de un agua destinada nunca a estar quieta. Para concebir este proyecto, la curaduría imagina el destino al que está dirigido el líquido naturalmente, a sus meandros o tránsitos curvos, a sus altibajos superficiales y profundos hasta a su ausencia en la sequía o abundancia en la inundación.
Motor cognitivo de esta propuesta, la Naturaleza (con mayúsculas) se presenta como lugar central para saber ver, observar y palpitar entre obras que celebran la humedad, observan huellas y rastros en el barro, palpan geometrías orgánicas y geométricas perfectas, aprecian las texturas de la celulosa o representan paisajes acuáticos o boscosos. Son visiones de un proceso creativo dedicado a quienes necesitamos integrar desde el arte a la conservación de los espacios naturales en nuestras vidas.
Proponer pensar a la Naturaleza puede ser un ejercicio duro en Paraguay: La codicia y la ignorancia son las armas rectoras del ecocidio impune y sostenido practicado en estas tierras calientes. Cuencas húmedas, a través del camino ficcional de la exposición, propone una experiencia simbólica de saber y conocer más sobre este espacio húmedo. Ofreciendo un circuito por cinco ciudades de la cuenca se desea unir pensamiento, devoción y margen crítico desde la esquina simbólica que propone el arte.
El circuito Cuencas húmedas rebosa de historias naturales, desconcertantes huellas animales, noches lunadas, flora despellajada o incursiones en los orígenes con formas ancestrales. Las diez propuestas vistas en Villa María de San Bernardino han buscado generar un escenario adecuado para encarnar identidades, lugares o temporalidades dadas en los espacios húmedos como esteros, arroyos, ríos o lagunas.
Cada propuesta manifiesta un sentido de fuerza ética y reconocimiento a toda expresión de vida animal, vegetal, mineral, encauzando una serie de historias, recuerdos y reflexiones de impronta paisajística-ambiental.
Las obras de Víctor Beckelmann, Gustavo Benítez, Mónica González, Jorge Enciso, Francene Keery, Alejandra Mastro, Juan Franco Maida, Javier Medina Verdolini, Uchi Pusineri y Johanna Reich enfatizan una relación de observación y exploración entre obra, espacio y audiencia.
Finalmente, la divulgación analítica y crítica acompaña también a esta edición 2026 de Cuencas húmedas, como afluentes y efluentes de su actividad creadora, reconociendo a un grupo de artistas en su sostenida pulsión ambiental (y política) dentro del ecosistema artístico paraguayo.
Publicada en una edición de próxima aparición, esta escritura sobre arte con posición ambientalista, planteará ondas preguntas señalando la frenética actividad antrópica, al desarrollismo sin ética, el extractivismo mezquino y contaminador y a la cultura de consumo con sus particularidades ejercidas en la Cuenca del Ypacaraí.
A veces, el verano nos recuerda que tristes pueden ser los trópicos. Al ver y oler la camada espesa de cianobacterias
de color verde-azul cubriendo las aguas y playas, entendemos que una película de espuma bloquea la luz y consume el oxígeno de este humedal.
La laguna Ypacaraí merece el mejor de nuestros sueños, como los de una noche de verano en el que juncos y papiros mojan sus cabellos o las lechuzas replican mensajes secretos.