Ser los primeros en algún emprendimiento nos lleva a dudar por qué cuando nadie ha hecho lo que queremos hacer, suponemos que el riesgo está en su punto más alto. Pero en nuestro país, contra intuitivamente, ¡el riesgo de esperar es mucho mayor al riesgo de emprender!
Siempre decimos que el Paraguay es un mercado pequeño (es verdad), pero también esta circunstancia implica una barrera de entrada a grandes empresas extranjeras, y una gran ventaja para las empresas locales que se inician.
La innovación en una importante empresa muchas veces consiste en modificar existentes y probados productos, dándoles un disfraz de márketing para que parezca más diferente de lo que evidentemente es, con la condición de que: a) puedan vender a través del ya establecido canal de distribución; y b) su desempeño de ventas y rentabilidad sean medido con las mismas métricas y mentalidad de todo lo que ya existe.
Las empresas multinacionales más que innovar compran innovaciones. Facebook, con todo su dinero, no inventó WhatsApp, lo compró pagando USD 22 billones cuando WhatsApp ya tenía 396 millones de usuarios. EBay, con sus 11.600 empleados, no concibió PayPal, lo adquirió cuando este ya movía USD 228 billones en 26 monedas. Apple, el ejemplo de innovación, con sus USD 205,7 billones en caja, está usando su dinero para comprar empresas.
Quienes observan nuestro mercado desde afuera dicen: “En Paraguay está todo por hacerse, es una tierra de oportunidades”. Pero cuando vienen a invertir lo hacen en los negocios que ya existen, realizan apuestas más grandes en lo obvio, entran en sectores ya establecidos. Para estos inversionistas “lo que está por hacerse” significa hacerlo más grande, o más caro y aspiracional, o más eficiente, pero siempre en lo que ya existe.
Quien va a proponer y hacer algo nuevo para el mercado paraguayo posiblemente será el mismo pionero paraguayo. Nuestro país es una tierra de oportunidades verdaderamente para los exploradores locales. Ello, porque: 1) nosotros conocemos el mercado intuitiva y experiencialmente mientras que no existan estadísticas oficiales; 2) tenemos las relaciones para cerrar ventas a bajo costo a quienes conocemos sin necesidad de costosas campañas publicitarias a desconocidos; 3) al no existir previos productos/servicios, nuestro mercado no conoce alternativas ni está educado en los criterios de compra; 4) los errores que pudiéramos cometer al inicio no son fatales como lo serían en un mercado establecido y altamente competitivo; y, 5) tenemos tiempo para desarrollar nuestra pequeña empresa y llegar a su rentabilidad antes de que aparezcamos en el radar de los grandes buscadores de oportunidades.
Si no somos pioneros cuando fundar es barato porque nos da miedo el alto riesgo, y esperamos a que la oportunidad de negocios sea obvia cuando ya existan jugadores y el riesgo sea bajo, es altamente probable que en ese momento ya no tengamos el “gran” capital necesario para entrar a ese mercado. Además, los profesionales especializados que necesitamos (que son pocos en este pequeño mercado) ya fueron contratados; y los pocos obvios clientes ya tienen acuerdos con las empresas establecidas.
El riesgo de esperar que otros lo hagan es mayor que el riesgo de hacerlo primero y aprender en el proceso. El que hace primero necesita mucho menos capital, tiene tiempo de entender lo que realmente el mercado necesita (ningún plan de negocios inicial se cumple como se pensó). Además, tiene tiempo de desarrollarse como líder y formar a su gente, haciendo que su equipo se sienta cofundador. Y lo más relevante, generando un sentido de pertenencia tan sólido que la mejor oferta del sediento competidor que venga después no podrá romper.
Estas son las razones que justifican la estrategia de que los paraguayos seamos los primeros en invertir e innovar.