En un mundo que parecía al borde del abismo estanflacionario, la escalada bélica en Irán –iniciada el 28 de febrero con el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel que eliminó al ayatolá Alí Jamenei y destruyó instalaciones nucleares claves– comienza a mostrar señales de desescalada.
Al cierre del 10 de marzo, con el Estrecho de Ormuz parcialmente reabierto gracias a escoltas estadounidenses y declaraciones de Trump sugiriendo que la guerra “está muy completa” y podría terminar “pronto”, los mercados globales han respirado alivio.
Este podría ser un punto de inflexión: No el fin del riesgo geopolítico, pero sí una ventana para que los inversores rebalanceen sus carteras antes de que la volatilidad regrese. Sin embargo, el daño ya está hecho, y 2026 podría marcarse como el año en que Medio Oriente redefinió el ciclo económico global.
Desglosemos el impacto al cierre del 10 de marzo, basado en datos frescos. El petróleo Brent ha caído un 7,8% en la sesión, cerrando en 86,01 USD por barril. Esta baja se debe a la reapertura intermitente de Ormuz y promesas de liberación de reservas estratégicas por parte del G7, aliviando el shock de oferta que amenazaba con multiplicar los precios.
Ganadores persistentes: Acciones de energía como ExxonMobil (+12% en el mes) y Chevron (+10%), junto con defensa (Lockheed Martin +15%).
Perdedores: Aerolíneas (Delta -18%), transporte y consumo discrecional, donde los costos de combustible aún pesan en los márgenes.
En renta variable, el rebote ha sido mixto, pero con un tono positivo en Asia y Europa, aunque Wall Street cerró con caídas leves. El S&P 500 bajó un 0,21%, acumulando una pérdida del 8,5% desde el 28 de febrero. El Dow Jones cedió 0,07%, mientras el Nasdaq cerró sin cambios. Europa vio ganancias: El DAX alemán +2,40%, y el FTSE 100 +1,6%, impulsados por el alivio petrolero. Asia rebotó fuerte: El Nikkei +2,88%, y el Hang Seng +2,17%, beneficiados por su dependencia energética. El VIX, el “índice del miedo”, retrocedió a 25,50, aún elevado pero lejos de los picos de 35 vistos ayer, señalando una reducción en la percepción de riesgo inminente.
Monedas emergentes respiran: El peso mexicano (USD/MXN) en 17,59 (-0,15%), el real brasileño fortalecido, y el peso argentino bajo control (dólar blue en 1,420). El oro subió a 5.228 USD/onza (+2,44%), capturando la demanda persistente por refugio. Los spreads de crédito high-yield se estrecharon ligeramente, pero las tasas de los bonos del Tesoro de los EEUU. Bajaron. La tasa del bono de 10 años cerró en 4,16%, confirmando el vuelo a calidad distorsionado por inflación latente.
Desde el ángulo macro, este conflicto ha acelerado un escenario estanflacionario, pero la desescalada de hoy podría mitigarlo: Inflación global aún subiendo (al 3,5-4,5% anualizado por energía), pero el PIB mundial podría evitar una contracción si Ormuz se normaliza.