08 ago 2026

La disputa por el subsuelo de la tierra colorada y la conversación que falta

Hay un debate que en Asunción se viene postergando con notable disciplina. Mientras afuera el mundo se pelea por el litio, el cobre y las tierras raras, acá el asunto minero aparece de vez en cuando en los diarios, casi siempre en clave de entusiasmo. Cifras grandes, empleo, un país que finalmente se sube al tren. La parte difícil, la que decide si esto sirve o no, casi nunca se discute.

América Latina tiene más del 45% de los recursos mundiales de litio, un tercio del cobre y casi un cuarto de las tierras raras, y fabrica menos del 1% de las baterías del planeta. Chile produce el 23% del cobre mundial y refina el 5,9%; Perú produce el 11,7% y refina el 1,2%. Brasil se sienta sobre la segunda reserva de tierras raras del mundo y aportó el 0,5% de la producción. Los minerales son extraídos y enviados al exterior, dejando que las cadenas de valor más elevadas se lleven a cabo en el exterior.

Los chilenos aprendieron esa lección a la mala. Entre 1880 y 1918, el salitre fue la columna vertebral de esa economía hasta que, tras el final de la Primera Guerra Mundial, se descubrió cómo fabricarlo sintéticamente y el país entró en una crisis de la que tardó una generación en salir, a partir de los años 50, con la expansión de las explotaciones de cobre. Se estima que la ventana de los minerales críticos dure entre quince y veinte años, lapso que se tardaría para que las innovaciones de las baterías de estado sólido o el hidrógeno cambiaran las reglas otra vez.

Paraguay entra en esta película por la puerta menos esperada. En la franja que va de Hernandarias a Katueté hay un yacimiento de titanio que la estadounidense Uranium Energy Corp estima en unos 3.600 millones de toneladas de mineral, con una inversión proyectada en torno a los 920 millones de dólares. Dos proyectos de uranio ya están en fase de desarrollo y hay indicios de litio y tierras raras. Es la primera vez que el país figura en serio en el mapa minero global. Lo hace en el momento exacto en que Washington anda buscando proveedores que no pasen por China.

Lo que se discute en esos casos, en cualquier parte del mundo, es qué exige el Estado a cambio cuando se cuenta con determinada escala de producción minera. Cuotas de producción reservadas para transformación local. Renovación de licencias atada a inversión real en plantas de procesamiento. Cláusulas de transferencia tecnológica que sirvan de verdad y no como decorado del contrato. Becas de posgrado en metalurgia pagadas con regalías, para tener en diez años a quién contratar. Nada de eso espanta inversores, es el manual de los países que dejaron de vender solamente tierra y piedra.

Y hay dos cartas que conviene no desperdiciar. La primera es la energía: Refinar minerales críticos exige electricidad barata y limpia, que es justo lo que Europa y Estados Unidos empiezan a demandar. Esto exige no solo recibir cooperación, sino mecanismos verificables de transferencia tecnológica y encadenamiento que sirvan a nuestro propio proyecto de neoindustrialización y no solo a la seguridad de suministro europea y/o estadounidense. La segunda es la ubicación. Con el puente y la ruta del Corredor Bioceánico, el Chaco se vuelve el camino más corto entre la minería del Cono Sur y Asia. Cobrar peaje es un negocio, industrializar es otro.

Paraguay es el único aliado suramericano de Taiwán, y la Cancillería ya dejó claro que negociar con China le interesa siempre que nadie le pida romper con Taipéi. Ese equilibrio funcionó mientras lo que estaba en juego era soja y carne. Con minerales estratégicos sobre la mesa un nuevo equilibrio se va a poner a prueba mucho antes de lo que se cree, y Asunción llegaría en mejores condiciones si negociara junto a Buenos Aires, Brasilia, Santiago y La Paz, en lugar de promover la competencia entre ellos a ver quién cobra menos impuestos y regalías.

La energía limpia puede servir como catalizador de la cadena minera-industrial en Paraguay, complementando los eslabones de los países vecinos. En julio pasado, la Presidencia Pro Tempore de Paraguay presentó la hoja de ruta para el Plan de Minerales Críticos del Mercosur, una herramienta que puede ser clave para promover esta articulación en favor de nuestra neoindustrialización regional.

Todavía hay tiempo para tener esa discusión. Pasado este momento, ya no se llama discusión, sino contrato firmado.

*Investigador del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (CADEP) e Investigador Visitante del Instituto de Estudios Comparados en Integración Regional de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-CRIS)
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