Los datos agregados sobre el número de personas ocupadas pueden resultar engañosos si no se los analiza en términos relativos, según advierte. “En Paraguay, cada año se incorporan cerca de 35.000 personas a la fuerza de trabajo debido al crecimiento demográfico. En este contexto, un aumento en el número absoluto de ocupados no implica necesariamente una mejora del mercado laboral”, establece el analista.
Ibarrola contempla que el mejor indicador a observarse es la tasa de ocupación (el porcentaje de personas empleadas dentro de la población en edad de trabajar). Antes de la pandemia –según contempla– esta tasa promediaba el 67,2%. Durante 2020 cayó a un promedio de 64,8%, y desde entonces muestra recuperación paulatina, alcanzando el 66% en el primer trimestre de 2025. “Aún estamos un punto porcentual por debajo del nivel prepandemia, lo que revela que la recuperación no ha sido completa ni estructural”, asegura.
Respecto de los cotizantes a la jubilación, destaca que el número de cotizantes al Instituto de Previsión Social creció en gran parte por la inercia poblacional, más que un proceso activo de formalización. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el primer trimestre de 2025, el 40,7% de los asalariados estaban registrados como cotizantes a la jubilación, el mismo porcentaje que en el primer trimestre de 2023, de acuerdo con Ibarrola. Durante todo 2024, esta proporción osciló entre 39% y 42%, sin mostrar una tendencia clara de mejora.
disminuyeron. Con relación a los salarios reales, el investigador sostiene que entre 2015 y 2024, el PIB real de Paraguay creció un acumulado del 27%; asegurando que, a pesar de ello, los salarios reales disminuyeron en ese mismo periodo. “Excluyendo a los empleadores (patrones), los ingresos laborales han caído un 4,5% en términos reales, lo que representa una pérdida significativa del poder adquisitivo de la población trabajadora”, refiere.
Al indicar que el bolsillo no miente, analiza que el malestar social en torno al empleo no es solo una percepción. Medidos en guaraníes constantes de 2015, todos los trabajadores –excepto los empleados públicos– ganan menos hoy que hace diez años; puesto que la inflación acumulada entre 2015 y marzo de 2025 fue del 50%, mientras que el salario promedio aumentó en menos del 40%.
“Más grave aún es la evolución de los precios de bienes esenciales. Los alimentos subieron un 83% y el transporte un 44% en el mismo periodo. Estos rubros tienen un peso significativo en la canasta de consumo de los hogares de ingresos medios y bajos”, precisa.