En el quinto día del novenario de la Virgen de la Asunción, el cardenal Adalberto Martínez mencionó que hay conflictos familiares, violencia, desigualdad, corrupción, adicciones, falta de oportunidades y destrucción de la naturaleza. Recordó el caso Roselín Florentín Gómez, la adolescente de 14 años que fue asesinada en Caazapá el 31 de julio y cuyo cuerpo fue hallado desmembrado el pasado jueves, enterrado en el patio de una vivienda.
“Entre estas dolorosas tormentas, y muy dolorosas, que nos han sacudido como cuerpo social en la sociedad paraguaya, nos conmueve profundamente el feminicidio de la joven Roselín, de apenas 14 años, que fue en estos días. Cómo no decir con San Pablo, nos duele el corazón. Su muerte hiere a su familia y a toda nuestra sociedad. Rezamos por ello, por fortaleza, y también por un mayor cuidado de los más pequeñines, de las personas vulnerables, de los niños, jóvenes”, expresó el cardenal en la Catedral Metropolitana de Asunción.
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Asimismo, mencionó que existen tormentas interiores que hieren, que muchas veces nadie ve, que son tormentas que afectan personalmente, interiormente, citando la soledad, la ansiedad, la tristeza, la baja autoestima.
“A veces hay jóvenes que no se valoran, ni nadie les valora lo mucho que valemos a los ojos de Dios. Las presiones sociales, heridas afectivas y miedo ante el futuro, que producen ansiedades”, expresó.
Mencionó que el homicidio de Roselín y tantos otros crímenes contra niños, adolescentes y jóvenes “nos afectan profundamente porque hieren el cuerpo social e interpelan al cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia”.
Agregó que cuando un niño, un adolescente o un joven sufre, todo el cuerpo social sufre. “Uno puede decir, bueno, lo que le pasa a esta mano no le importa a los pies. En el sentido de ser como empáticos, como miembros del único cuerpo social, nosotros diríamos, del cuerpo místico de Cristo”, señaló.
El cardenal pide crear ambientes seguros y cuidar la familia
Instó a crear ambientes seguros donde toda vida sea respetada, cuidada y protegida. También a fortalecer la prevención en la escucha y ayudarnos, por qué no, también entre vecinos.
Manifestó que “El cuidado de la casa común”, tema de este quinto día del novenario, no significa solamente proteger los árboles, los ríos, los animales o el aire, que ya sería bastante. Significa también cuidar de la casa humana, la familia, la escuela, el barrio, la comunidad y la nación.
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Afirmó que no se puede hablar del cuidado de la creación mientras una vida sea despreciada, explotada, abandonada o considerada descartable o descartada.
Jesús como sostén
En la lectura del evangelio de este domingo, se recuerda cuando en medio de una tormenta Jesús se acerca a sus discípulos caminando sobre el agua. Ellos creen ver un fantasma y se llenan de temor, pero les dice, “ánimo, soy yo”.
Martínez menciona que Jesús no permanece distante ni abandona a sus discípulos. Se acerca cuando la noche es más densa y oscura.
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“Él te tiende la mano, te pide fe, de creer que Él está en la barca con nosotros. Jesús también se acerca a la barca y te dice, ánimo, soy yo. No temas. Tal vez la tormenta no desaparezca inmediatamente, pero su presencia nos da fuerza para no rendirnos. Cristo no siempre nos evita como atravesar las aguas difíciles, como Él mismo con la cruz, las aguas del sufrimiento, y vence el miedo, la muerte, para darnos vida. Pedro le dice: ‘Señor, si sos vos, mandame ir a tu encuentro sobre el agua’”, mencionó.
Recordó que Jesús respondió: “Ven, Pedro, baja la barca y comienza a caminar”, pero al sentir la violencia de la tormenta, siente miedo y comienza a hundirse. Entonces, grita: “¡Señor, sálvame!”.
El cardenal refirió que esto mismo puede ser una oración: “Sálvame”, porque ante estas dificultades, Jesús extiende su mano directamente y nos sostiene en nuestros miedos, en nuestras dificultades.
Insta a pedir ayuda ante los problemas que afligen
Dijo que esa mano extendida de Jesús es también la familia que escucha, el amigo que te acompaña, la comunidad que te recibe, el sacerdote, el catequista, el educador, el profesional que pueda ayudarte. Esas son las manos que el Señor nos tiende.
“Pedir ayuda no es una señal de debilidad o no querer revelar unas cuestiones que nos ahogan y nos preocupan grandemente. Es un acto de confianza, el poder hablar, decir aquello que te aprieta el corazón. Nadie debe enfrentar solo sus tormentas interiores. Como Iglesia, debemos convertirnos, en cierto modo, en la mano del Señor”, expresó.
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Por último, mencionó que Paraguay necesita la fuerza, energía, creatividad y el liderazgo de sus jóvenes. “Necesita jóvenes que no se resignen ante la corrupción, la violencia, la desigualdad ni la destrucción de la naturaleza”, manifestó el cardenal.
“También necesita jóvenes capaces de organizarse, de participar, influir positivamente en la vida de los demás y proponer soluciones de sus familias, centros, estudios, parroquias, barrios y comunidades”, finalizó.