El Día Mundial de la Salud, recordado hace dos días, encontró al sistema público paraguayo con las carencias habituales y una deuda con proveedores farmacéuticos que ya llega a USD 1.216 millones.
Durante la conmemoración de la fecha, organizaciones agrupadas en la Plataforma por el Derecho a la Salud, le recordaron al Estado paraguayo la realidad que atraviesan los miles de pacientes, familiares de ellos y usuarios cada día.
No hay fue el lema de la movilización de las organizaciones, con lo cual sintetizaron la respuesta que suelen recibir los habitantes de esta tierra regada de agrotóxicos cuando acuden a los diferentes hospitales a lo largo y ancho de la República.
No hay medicamentos, insumos, personal suficiente, infraestructura adecuada, etc., es la respuesta a viva voz o silenciosa que reciben en las ventanillas, pasillos o los mismos consultorios.
Al No hay también podría sumarse el “acá no hacemos eso”, otra respuesta clásica que el paciente escucha cuando luego de consultar en el centro asistencial y recibir la orden de estudios, se encuentra que el laboratorio no realiza análisis específicos que le pidieron.
¡Ah, tampoco olvidemos el “No funciona” escrito prolijamente en vivos colores o con simple bolígrafo y que cuelga en la puerta de Rayos X o mamografía, avisando que un equipo esencial para muchos usuarios está noqueado.
Además de dar el aviso, el cartelito sirve para distraer a los usuarios que esperan durante largo tiempo ser atendidos, ya sea en la fila de la ventanilla o en pasillos.
Otra manera de hacer pasar el tiempo es viendo las figuras que forman la humedad en las paredes o prestar atención a las personas que llegaron e ingresaron a la consulta a los dos minutos mientras a usted le empiezan a crecer raíces por esperar.
Si bien hubo avances en la salud pública en la última década y media (ya no se paga para acceder número, hay más hospitales en el interior, aumentó la cobertura de vacunación y más vacunas, etc., etc.), aún persisten problemas crónicos.
La infraestructura es uno de ellos. A la par de la construcción de nuevos hospitales, otros están en una situación de ya no dar más, como el de Barrio Obrero.
Es cierto también que cuanto más servicios ofrece el sistema público, más personas acuden a él. Sobre todo quienes dependían de un seguro privado y por razones económicas ya no pudieron pagarlo.
Cuanto la crisis golpea fuerte la puerta, no hay propaganda de grado de inversión que pueda reducir el grado de desesperación que no tener la plata para hacer frente a los grandes gastos médicos.
Ante las urgencias diarias e históricas que arrastran ¿Existe alguna cura posible para el sistema de salud? No tengo la respuesta, ya que está a cargo de quienes administran y toman las decisiones.
Aunque se me ocurre una, que en parte podría servir ¿Qué tanto podría hacer el Estado por el sistema de salud público si pudiera contar con USD 110 millones más cada año?
¿Cuántos medicamentos oncológicos y los que habitualmente están en falta, insumos, equipamientos nuevos y contratación de nuevo personal podría cubrir con esa cifra sumada a su prepuesto anual?
Esos USD 110 millones vendrían muy bien para el sistema de salud público. Si bien no será la panacea al menos servirá para paliar en parte las grandes carencias diarias.
Claro, toda vez que este mismo Estado, acuciado por las deudas con los proveedores, decida de una vez dejar de destinar semejante cantidad de dinero para el seguro privado de los empleados públicos.
Como también puede dejar de despilfarrar recursos en inmundecers, hurretrolls, hijos e hijas de vicepresidentes, parlamentarios y tanta sanguijuela en manada ligada al poder. Son solo ideas, repetidas muy a menudo por muchos y nunca puestas en práctica por nadie, que solo apuntan a cerrar las puertas del Ministerio de la pollada.