10 abr. 2026

Gracias, Padre Jesús Montero

Un caballero de hábitos sencillos, inteligentísimo, puntual, educadísimo, templado con la mayoría, pero con ese carácter andaluz con los cercanos, íntegro y confiable, siempre inquieto tras la búsqueda del bien común, sobre todo en pos de la educación de calidad de este pueblo de corazón noble y pensamiento concreto que es el paraguayo. Así era Jesús Montero Tirado, un alma grande que se ensanchó y maduró para albergar y transmitir sabiduría.

El 2 de febrero, fiesta de las candelas, en referencia a la luz de los cristianos en el mundo, el gran pedagogo y comunicador emprendió el camino definitivo a esa transformación espiritual y luminosa de la vida eterna, en la que creía con toda certeza, para encontrarse y abrazarse con su gran maestro, amigo, salvador y tocayo, Jesús de Nazaret.

Jovencito abrazó la vida religiosa y misionera en la Compañía de Jesús. Si no hubiera sido cura quería estudiar ingeniería, según me comentó. Y su enorme capacidad para analizar y establecer relaciones complejas y construir estructuras de pensamiento con solidez, claridad y creatividad ingeniosa comprueban que hubiera sido uno muy destacado. Pero sintió la llamada de Dios a evangelizar y respondió generosamente haciéndose sacerdote.

Todavía era seminarista cuando ya creó grupos relacionados al cine, la radio, la comunicación y la educación. De hecho, fue cofundador de COPE y director de Comunicación de la Conferencia Episcopal de España, antes de venir a Paraguay. Esa inquietud por estudiar, relacionarse e influir en la cultura lo acompañaría siempre.

Uno de sus bellos recuerdos fue la colaboración que hizo con sus compañeros jesuitas en ajustes del guion de la memorable película La Misión, dirigida por Roland Joffé y estrenada en 1986. Este drama histórico ambientado en el siglo XVIII en la Paracuaria sudamericana, con potente banda sonora del genio Ennio Morricone, protagonizado por Robert De Niro y Jeremy Irons, relata con emotividad la aventura misionera de los jesuitas que fundaron más de 30 pueblos en las selvas del Paraguay, creando un sistema de vida ordenado y funcional, cuyo legado aún pervive en nuestra cultura.

Montero Tirado estaba bien formado en Humanidades Clásicas, Filosofía, Teología, Periodismo y Ciencias de la Educación. Además, tenía afición por la música y el cine. Poseía una memoria privilegiada y solía evocar artículos completos de la Constitución Nacional y de la Ley General de Educación sin ningún error. Tuve el privilegio de editar materiales educativos y periodísticos escritos por él y doy fe de su enorme capacidad para plantear cuestiones con profundidad y amplitud, siguiendo una lógica impecable. Un lujo.

Mucho colaboró en la educación y formación integral de varias generaciones de paraguayos. En los últimos años experimentó con fuerza la cruz de la discapacidad visual y auditiva, pero sobre todo la incomprensión y hasta el maltrato de gente que lo que le debía era agradecimiento y respeto. Sobre todo, cuando denunció el intento de colonización ideológica que se trajeron con fuerza organismos internacionales con la errónea ideología de género como receta de sometimiento a su Paraguay querido. Sabía que afectaría enormemente a los niños y a las familias y se opuso con todas sus fuerzas. Lo hicieron a un lado, le intentaron dañar de muchas maneras. Me constan los detalles que no daré por respeto a su forma de ser y de encarar aquellas canalladas. No respondía con acritud, sino con la verdad. No perdía el tiempo en murmuraciones, pero se le notaba el dolor. Lo supo convertir en oración, propuestas y acciones positivas.

Decía que su vejez fue la mejor etapa de su vida, ya que tenía más tiempo de meditar y hablar con Jesús. A sus 91 años estaba escribiendo varios libros cuando tuvo que partir de este mundo... Su prolífico legado pedagógico y cultural nos lo deja como herencia y tarea, sobre todo a los paraguayos de a pie, que le lloramos de corazón y le extrañaremos mucho.

Que en paz descanses y muchas gracias por todo, Padre Jesús Montero Tirado.

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