Ayer, el ministro de Salud, Julio Borba, reveló en Telefuturo que la empresa G42 de Emiratos Árabes Unidos (EAU), que produce la vacuna china Sinopharm, decidió unilateralmente rescindir el contrato de la provisión de un millón de dosis a Paraguay, con la devolución del dinero correspondiente a la primera cuota: USD 5.625.000, del total de USD 30 millones.
Desde el Gobierno, a través de Borba, apuntaron con el dedo a China Continental. “Sinopharm (China) nos rescindió el contrato. Las razones son geopolíticas”, arriesgó el ministro de Salud, pero luego trasladó rápidamente las explicaciones políticas a la Cancillería, porque, a su criterio, es inexplicable la decisión del laboratorio afincado en Abu Dabi. Unas 250.000 dosis llegaron al país por la vía árabe y desde el Gobierno deslizan que cuando China tomó conocimiento de que las demás dosis del total del millón eran para Paraguay, la empresa rescindió el contrato sin explicación alguna.
Ya el pasado 10 de julio, el ministro asesor de la Presidencia, Federico González, anunció una “bomba con fuerte componente geopolítico” con las vacunas. El Gobierno ya tenía conocimiento de que la empresa subsidiaria en Emiratos Árabes rescindiría el contrato y por ello buscó negociar con otras plataformas. Pero recién ayer lo dieron a conocer.
El pasado 27 de julio, el presidente Mario Abdo Benítez lanzó también pistas en Caazapá. “Muchas otras cosas nos pasaron en este tiempo, sufrimos presiones que en su momento vamos a contar”. Luego agradeció a EEUU por la donación de otro cargamento de un millón de dosis de la plataforma Pfizer, que calificó como “una demostración de amistad y solidaridad, y afianza cada vez más la sólida relación entre ambos Estados”.
LA GEOPOLÍTICA DE LAS VACUNAS. Desde el descubrimiento de las vacunas contra el Covid-19 se ha desatado en el mundo una guerra por las vacunas. Los países ricos acapararon las escasas dosis disponibles para inocular primeramente a su población, mientras China, India y Rusia decidieron enviar millones de dosis al resto del mundo a pesar de la crisis sanitaria en sus países. A esto se le llamó la “diplomacia de las vacunas” con un efecto positivo en la población. En Paraguay, con fuerte rémora stronista, se cambió la visión sobre los “chinos rojos”. La admiración conservadora hacia Vladimir Putin aumentó con creces. Incluso se llegó a cuestionar a Taiwán por no haber sido “más generoso” con las donaciones y hubo un momento de crispación política en marzo, cuando la Cancillería taiwanesa negó que cedería parte de su lote de vacunas a Paraguay. En esos momentos volvió al tapete el cuestionamiento de las relaciones paraguayo-taiwanesas y el sector ganadero y sojero (que no son precisamente de izquierda) aprovechó para señalar una vez la conveniencia de establecer relaciones diplomáticas con China Continental, mercado al que quieren llegar sin intermediaciones.
El problema con las vacunas es que además de las ganancias astronómicas, deviene la lealtad política. Especialmente con China y EEUU. Paraguay en este escenario es un jugador minúsculo, inexistente. No está en el radar de Xi Jinping como país soberano, sino como la última nación en la región que apoya la independencia de la “isla rebelde”. Es apenas un peón en el ajedrez de la disputa entre EEUU y China, cuyas relaciones se tensan cada vez más. Lo dejó en claro la subsecretaria Victoria Nuland cuando destacó las relaciones paraguayo-taiwanesas. La isla es clave geográficamente para EEUU en su contienda con China. En este contexto debe entenderse también la generosa donación norteamericana de dos millones de vacunas contra el coronavirus.
No queda muy claro qué sucedió. La única certeza es que la empresa árabe que produce la vacuna china Sinopharm es la que rescindió el contrato. El presidente Mario Abdo Benítez o la Cancillería deben dar certezas sobre las razones de la decisión de modo a echar luz sobre el telón de fondo si lo hubiere y cortar las especulaciones ideológicas que no contribuyen absolutamente a nada.